Por Adrián Camerano Buscan preservar antiguos canales de riego, uno de ellos de posible origen jesuítico. Tras asambleas ante organismos oficiales, lograron la reapertura de una acequia.

Que el agua vuelva a correr por las acequias. Ese es el objetivo de un grupo de vecinos de localidades asentadas a la vera de la ruta 5, en el valle de Paravachasca. La zona se caracteriza por la exuberancia del paisaje, la proximidad con el río Anisacate y una infraestructura turística que crece año a año; algunas de ellas, además, se destacan por contar con canales de riego antiguos, tanto que uno de ellos está estudiado como de origen jesuítico.

En los últimos años fueron varios los canales clausurados, básicamente por reclamos de vecinos que han construido sus viviendas muy próximas al curso de agua y a los que los canales afectaba. Pero el último cierre -el del canal El Descanso- motivó semanas atrás que otros habitantes de la región se unieran para reclamar por la reapertura, “en función de la afectación de derechos de los miles de habitantes del lugar”, indicaron en un comunicado de prensa.

Derechos particulares vs. interés colectivo

“La disponibilidad de agua fue uno de los factores que hizo que en los últimos años se instalaran pobladores, construyendo sus casas próximas a los canales de agua, y algunos sin tomar las precauciones que esta ubicación requiere”, señaló a La Nueva Mañana la vecina María Alejandra Amuchástegui, quien reside allí desde hace 23 años.

Lo que se registra en la zona –Valle de Anisacate, Villa Anisacate y Villa La Bolsa– es un conflicto de derechos entre la propiedad privada de algunos vecinos y el interés colectivo por la preservación de las acequias, parte de la historia del lugar. Y marca también la falencia del Estado en cuanto a las regulaciones para la construcción, en una región que ha tenido un boom inmobiliario significativo de 2012 a esta parte, a partir de la inauguración de la Autovía Atilio López.

“Los canales tienen su bocatoma en el río Anisacate, en el ejido de Villa La Bolsa. En algún punto se unen y terminan en el ejido de Anisacate”, relató a su vez el vecino Marcelo Geremía, quien vive en La Bolsa desde 1986. El agua tomada del río más importante de la zona se utiliza para riego de quintas y jardines; el cierre, argumentan los vecinos, atentaría también contra el ecosistema del lugar.

Clausura, reclamo y nueva apertura de El Descanso

Son cinco los reclamos de vecinos de La Bolsa que aseguran que los canales afectaron estructuralmente sus viviendas. A partir de ello, Recursos Hídricos provincial determinó la clausura del único canal que seguía activo, El Descanso; pero otros habitantes comenzaron a organizarse y lograron, al menos por ahora, que el agua siga corriendo.

Primero hicieron asambleas; luego organizaron jornadas de limpieza y recorridos por los canales. Y también solicitaron audiencias en Recursos Hídricos y a los jefes comunales del lugar. Así lograron, en principio, la reapertura de un canal y la eventual puesta en marcha de un sistema de autogestión que implique el mantenimiento para el correcto funcionamiento de las acequias.

“Vamos a seguir trabajando para que el canal El Descanso no se cierre definitivamente y para que los otros canales vuelvan a tener agua. Esto es parte de nuestro patrimonio, de nuestra historia, de nuestra identidad”, completó Amuchástegui.

Un conflicto con historia

Los conflictos por los canales de riego en la zona se remontan a 2013, cuando un puñado de vecinos afectados inició demandas por daños en sus viviendas y logró el cierre del canal Las Rosas.

“Lamentablemente el Estado protege solo el interés -la propiedad privada- de unos pocos (los que demandan a la Provincia por rotura en sus propiedades) afectando el derechos de los miles de habitantes actuales y a los de las generaciones futuras a disfrutar de un patrimonio histórico cultural y ambiental”, evaluó Amuchástegui, a la vuelta de los años.

El tema quedó en un impasse hasta ahora, cuando nuevos reclamos hicieron cerrar el otro canal, y activaron la queja del resto de los habitantes de la región, que juntaron más de 600 firmas por la reapertura de las acequias.

El sábado 3 de noviembre, en una asamblea concurrida, los vecinos conformaron una comisión con habitantes de las tres localidades y exploraron alternativas para que el agua vuelva a correr.

Una luz de solución comenzó a vislumbrarse días más tarde, cuando una auspiciosa reunión con funcionarios provinciales derivó en la posibilidad de que se conforme un consorcio canalero, integrado por vecinos, para el mantenimiento de las tradicionales acequias.

“Estamos en un proceso interesante para tratar de poner en valor las acequias, más allá del uso del agua”, confía Geremía, y asegura que “tenemos entendido, extraoficialmente, que se aplicaría la Ley de Riego, que establece la figura del consorcio canalero”.

Amuchástegui, perteneciente a una familia que es propietaria en La Bolsa desde 1957, cierra: “Amo al canal y también tengo la cocina agrietada, pero hice lo que tenía que hacer sin perjudicar al resto de la comunidad”.

“No estamos en contra de los canales”

Ramón Zalazar, histórico jefe comunal y actual intendente de Villa Anisacate, sentó postura con relación al tema. “Los canales no son de la época jesuítica ni mucho menos, han sido creados para llevar agua a zonas productivas y a estancias, que se hacían cargo del canon ante la Provincia y del mantenimiento, que es lo más caro”, señaló.

La máxima autoridad de la zona refirió que el agua se utilizaba para ganadería, “pero luego vino la soja y dejaron de usarlo. Cuando estas estancias no lo usaron más, entonces el recorrido fue menor y en los barrios los vecinos hacían su canaleta y se rompían calles”, historizó.

Zalazar aseguró que “nos hemos reunido con los vecinos que quieren que siga circulando el agua, y vamos a colaborar con ellos siempre que no sea un fondo importante. No estamos en contra de los canales, todo lo contrario, pero las comunas aclaramos que el consorcio canalero estará administrado y constituido por cada vecino que haga uso de ese canal”.

“La comunidad ha demostrado lo que significa patrimonio”

La arquitecta Mariana Eguía, una estudiosa del tema, no tiene dudas del origen jesuítico de parte de los canales de la zona. En un informe especialmente elaborado para La Nueva Mañana, indicó que “la bocatoma jesuítica consiste en una canalización de materiales compuestos (piedras asentadas y revestidas en cal) en cuya boca, están presentes las guías de la compuerta. Caído al costado, un pilar de ladrillos modernos, quizás a la manera de peldaños, para la limpieza periódica del cauce”. Los restos están en la esquina de las calles Buenos Aires y Mendoza, en Villa La Bolsa, y también existen “los restos del viejo molino de Anisacate, que se encuentran medianamente conservados bajo el dominio municipal”.

Eguía sostuvo que “las tramas del pasado y del presente conviven como testimonios de civilidad. Y esto es porque los canales de riego son pruebas vivientes de conciliación con la vida diaria y llevan décadas, siglos (y milenios quizás) de uso, para una adaptación que hoy es añorada y movilizadora de una comunidad”.
“Remitirse a las pruebas históricas de estos usos hidráulicos permite comprobar cuán vivo está el pasado. La comunidad ha demostrado lo que significa patrimonio”, concluyó.

Fuente La Nueva Mañana

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