Redacción Alta Gracia- El hecho ocurrió en octubre de 2016, cuando Nora Benítez (52) habría tomado un caño de gas y le habría asestado varios golpes en la cabeza a su pareja, Marcelino Duarte quien murió en el lugar. La mujer fue condenada a cadena perpetua por la Cámara 8ª del Crimen de la ciudad de Córdoba. 

El caso que se enjuició- según el periodista Francisco Panero – debe llevar a alguna reflexión porque fue un tanto paradigmática. En primer lugar porque el jurado popular votó por mayoría, no por unanimidad y, en segundo lugar, la acusada montó un «espectáculo» de injurias a magistrados pocas veces visto.

El periodista de la Voz del Interior, describe: «El episodio ha tenido no pocos ribetes como para plantear alguna duda sobre la autoría. El veredicto afirma que ella lo mató por la espalda partiéndole el cráneo con un pesado caño de gas y sin que el hombre pudiera defenderse.

La defensa argumentó que el amante de la mujer pudo haber tenido participación, ya sea porque tenía móviles para hacerlo o porque fue al que se le secuestró el objeto contundente.

A pesar de esa falta de claridad en los hechos, el fiscal Hugo Almirón hizo un profuso y ordenado alegato en el que enumeró uno y otro indicio en contra de la acusada. Su acumulación de evidencias consiguió “cerrar” un elevado grado de compromiso sobre Benítez.

La defensora Romina Zurchmitten cuestionó algunos puntos atacando al amante y planteando algunas dudas sobre la acusación.

La violencia de género que habría sufrido la víctima no es excusa para un crimen, pero es un elemento que se agrega a un debate con no pocos claroscuros. Ella había anticipado que tenía pensado deshacerse de su pareja y hasta “confesó” en sede policial que lo había hecho.

Cuando Almirón terminó su alegato, con el pedido de pena de prisión perpetua, se produjo un incidente inusual en todo juicio. La acusada probablemente creyó que ya había sido condenada y comenzó a quejarse a viva voz por lo “injusto” de la decisión. Además de increpar a los jueces, demostró un gran descontrol que terminó en el desalojo de la sala y en un llamado al orden.

Este espectáculo gratuito frente a todo el jurado le jugó un flaco favor a la estrategia defensiva, máxime cuando los peritajes psicológicos hablaban de la personalidad impulsiva de la acusada de homicidio calificado por el vínculo y por alevosía.

Al final, el jurado popular, tras cuatro horas de deliberaciones, emitió el veredicto de culpabilidad, con dos de los representantes del pueblo en desacuerdo. Este detalle puede ayudar en una eventual casación.

La reflexión que queda es que, en un colectivo de tan diversa extracción, como lo es un jurado popular, pueden existir diferencias que se manifiestan en el resultado de una sentencia. Pero, en el caso de un homicidio calificado, frente a tantas mentes que deciden no existe el mismo grado de matices a la hora de castigar: es absolución o condena perpetua.

Fuente: La Voz del Interior

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