Por Martín Sacán- El 26 de febrero de 1967 el Torino sorprendió a todos. Era un equipo nuevo comandado por un ignoto Oreste Berta, de apenas 28 años. Después de aquel triunfo su nombre empezaría a sonar en el ambiente hasta transformarse en El Mago de Alta Gracia

En 1967 hacía treinta años que los títulos de Turismo Carretera (TC) eran para Ford y Chevrolet (salvo tres, todos para el óvalo). Pero el 26 de febrerode ese año comenzó una nueva etapa en el automovilismo nacional: el Torino debutó y ganó en la Vuelta de San Pedro, pilotado por Héctor Pirín Gradassi.

Fue la grieta que terminaría de dividir las aguas por completo. Porque a fin de año el Torino salía campeón en manos (y pies) de Eduardo Copello y algo cambiaba para siempre. Aunque ya existían autos modernos como el Chevrolet II (que el ingenio popular bautizó chevitú) y el Falcon, fue este título del toro el golpe de gracia para las históricas cupecitas.

“En 1967 comenzaría el crepúsculo de la coupé TC. Un digno ocaso. Una transformación que no se podía detener porque venía de la mano del progreso”, narró Alfredo Parga en Historia deportiva del automovilismo argentino. En el universo del TC, el 67 fue el comienzo de una nueva era.

Aquel 26 de febrero, hace exactamente 51 años, el Torino sorprendió a todos. Era un equipo nuevo comandado por un ignoto Oreste Berta, de apenas 28 años. Después de aquel triunfo su nombre empezaría a sonar en el ambiente hasta transformarse en El Mago de Alta Gracia. Desde allí, en Córdoba, impulsaría buena parte de los avances del automovilismo argentino.

“A partir de ahí Alta Gracia se convierte en una suerte de iglesia donde los corredores buscan al nuevo gurú. Los viejos dueños del TC se preguntan de dónde salió, cómo va a venir a ganarnos a nosotros”, recuerda Raúl Barceló, periodista de extensa trayectoria y vecino de Alta Gracia: “Empecé a ver a todos los pilotos del momento pasando por la puerta de mi casa”.

La carrera

La Vuelta de San Pedro eran diez giros a un trazado de 56 kilómetros que incluía tierra (22 km) y pavimento (34 km). Fue emocionante. El Torino de Gradassi terminó con varias válvulas fisuradas y un cilindro fuera de servicio(quedó en cinco). Completó la carrera en 3 horas, 21 minutos y 36 segundos, a un promedio de más de 167 km/h.

“Los nuestros no eran los coches más rápidos; sacábamos ventaja en la tenida y en los frenos”, contó Gradassi más tarde. Ese domingo a la tarde, segundo quedó Eduardo Casá, con Ford, y tercero Mariano Calamante, con Chevrolet.

El Torino era fabricado por Industrias Kaiser Argentina (IKA, luego Renault Argentina) en Santa Isabel, Córdoba. Los presentados para correr el TC eran tres 380 W. En otro iba Jorge Ternengo, que volcó, y en el restante Eduardo Copello, que rompió el motor.

Su auto, a diferencia de los otros dos, tenía algún “trabajito” mecánico que le daba 10 o 15 caballos más, además de una trompa más aerodinámica obra de Heriberto Pronello. Era el nacimiento de la Liebre I, que dio inicio a una fantástica saga, siempre sobre base de Torino.

El auto

Ese Torino de TC tenía mucho del auto de calle. Oreste Berta, el responsable de la criatura, recuerda en su autobiografía Motores, autos y sueños (Eudeba), que una enorme cantidad de piezas eran de fábrica. Incluso corrieron con el silenciador de calle. Eso les daba otro plus: si llegaban a ser muy lentos, se iban a excusar con que el vehículo era casi original. No hizo falta.

También en esas páginas devela el motivo del color de esos Torino: gris por los Mercedes-Benz Flecha de Plata de su amigo y mentor Juan Manuel Fangio, y las franjas celestes por la bandera argentina

De la línea de producción salía el casco del auto solo con pintura base. “Nada más que invirtiendo los engranajes del reenvío de la caja de velocidades lográbamos hacer una muy buena transmisión con relaciones arrimadas y prácticamente sin cambios en el costo”, escribió Berta en su libro.

“Impacto en TC… Gradassi y Torino”, tituló la revista Automundo por aquellos días en los que el automovilismo era realmente masivo. Más adelante, en Rafaela, los Torino harían un 1-2-3 para la historia, con Copello, Gradassi y Ternengo, respectivamente. La prensa, para referirse a ellos, empezaba a utilizar la sigla CGT.

Comenzaba la saga de los Torino y las míticas Liebres que marcarían una época no solo en los libros, sino en el recuerdo de los amantes del automovilismo. Basta con preguntarle a los fierreros que peinan más de 60 años. Todos se acuerdan, con emoción, hasta en qué parte de la casa estaban cuando la radio dijo por primera vez ¡Torino ganador!

Fuente: TN

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