Por Lic. Alicia Lucero- Los padres y los niños de edad escolar, suelen sentir un alto grado de preocupación en los tiempos de evaluación. Las causas obedecen al significado que se les induce por los resultados que éstas, provocan. ¿A qué le llamo significado? A lo que se escucha desde algunas personas que opinan alegremente, sin conocimiento; y que afirman cosas, como las que cito a continuación: “Si en esta evaluación no sacás un resultado favorable, te irás a rendir”; o bien, “no pasarás de grado”; o de pronto: “deberás regresar al grado anterior…”

Los que conocemos los parámetros de la pedagogía, o sea los detalles de la enseñanza, podemos decir que, las evaluaciones, tienen un propósito doble, destinado a medir resultados tanto en los alumnos, como en sus docentes.

En los alumnos se puede conocer qué aprendió. Si aprendió un tema, un módulo,  un trimestre, un año lectivo. Por supuesto, que a las tres últimas mediciones, no se sugiere hacerlas de una sola vez, y los docentes no lo hacen de este modo. Es más, evalúan todos los días, generalmente de forma oral o escrita. Lo cual, permite  conocer de antemano, el perfil de cada alumno.

En los docentes, la misma evaluación les permite auto-observarse y producir mejoras en el modo de obtener dichos resultados. Por lo cual, si los resultados, en gran proporción son negativos, volverá a empezar. Y, si son pocos, los estudiantes que no lograron aprobar…también, buscará el docente, la forma de ayudarlos.

Sintetizando:

Se evalúa el docente, como profesional; y, el alumno como alumno.

Así que no hay que tener miedo, si se hicieron las cosas bien y se estudió a tiempo.

Pero si en casa se advirtió que el hijo no recibió el aprendizaje necesario, habría que dialogar con el docente y buscar juntos la solución al problema.

 

 

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