Por Flavio Colazo- Las condiciones laborales de todos y cada uno de los sectores asalariados eran de una deplorabilidad extrema – de ello da acabada cuenta el informe de Bialet Massé–. Dicha desprotección originó las 9 huelgas sostenidas entre 1895 y 1904 al tiempo que promovieron el paso del mutualismo al sindicalismo

“Nuestras clases dominantes han procurado siempre que los trabajadores no tengan historia, no tengan doctrina, no tengan héroes. Cada lucha debe empezar de nuevo, separada de las luchas anteriores: la experiencia colectiva se pierde, las lecciones se olvidan. La historia aparece así como propiedad privada cuyos dueños son los dueños de las otras cosas”.

Rodolfo Walsh

Cita que encabeza el prólogo del libro de Roberto A. Ferrero “Del mutualismo al Cordobazo”, fuente ineludible para la redacción de la presente nota.

El desempeño en relación de dependencia fue y es asimétrico en cuanto a la distribución de los dividendos provenientes de la actividad laboral de la que se trate; pero desde el siglo XIX a esta parte se lograron avances significativos en cuanto a este punto y también en relación a las condiciones de trabajo (salubridad, higiene, alimentación, etc.) merced a un sinnúmero de luchas que han procurado siempre obtener mejoras en pos de una distribución equitativa, o detener embates en contra de los derechos conquistados. En Córdoba, particularmente, las luchas comienzan fines del siglo XIX. A continuación una breve semblanza y algunas apostillas sobre la evolución combativa de la clase trabajadora local.

Las mutuales, antesala de los sindicatos

Si bien los reclamos laborales en gran escala, asumidos por trabajadores asociados en agrupaciones continentes, nacen a partir de la industrialización, los primeros atisbos en tal sentido fueron asumidos por diversos tipos de trabajadores: empleados públicos, tipógrafos, artesanos, etc. Toda vez que hacia finales del siglo XIX la totalidad del abastecimiento de productos elaborados de todo tipo en nuestro territorio era producido de modo artesanal los primeros agrupamientos de trabajadores fueron de índole mutualistas, pretendiendo acercar posibilidades respecto a la asequibilidad de algunos servicios y coberturas de diversas índoles, algunas de ellas se identificaron nominándose según el oficio que los nucleara “Sociedad tipográfica”, “Unión de sastres”, etc.

• En 1869 sólo había en Córdoba 7 empresarios industriales.
• En 1890 la totalidad de obreros en la ciudad era de 2.300.
• Entre 1895 y 1904 fueron promovidas nueve huelgas, ninguna logró triunfar.

Los albores de la conflictividad local

Las condiciones laborales de todos y cada uno de los sectores asalariados eran de una deplorabilidad extrema – de ello da acabada cuenta el informe de Bialet Massé–. Dicha desprotección originó las 9 huelgas sostenidas entre 1895 y 1904 al tiempo que promovieron el paso del mutualismo al sindicalismo. Los primeros promotores y conductores de los sindicatos en Córdoba fueron en su mayoría obreros de nacionalidades europeas pero prontamente fueron imitados por actores criollos, tal los casos de Hermógenes Ramallo y Eleodoro Medina (panaderos-1895), Ramón F. Cabrera (talabarteros 1904) y Lucinda Toledo (costureras 1905). En 1904, según Bialet Massé, el salario en la ciudad era de $ 65 y un alquiler costaba $ 50.

La participación de la dirigencia obrera femenina en nuestra ciudad

Lucinda Toledo asume en 1904 la Secretaría general de la “Sociedad de Obreras Costureras”; dicha organización fue la primera en presentar en su conducción a una mujer. También en ese año se lleva a cabo la huelga en reclamo de mejor sueldo y mejor trato por parte de las “Amas de leche de la Casa de niños Expósitos”, si bien la organización obtuvo los beneficios perseguidos, desapareció en breve tiempo. Este comportamiento femenino en la lucha por la reivindicación de derechos laborales fue atendido en extenso en el Informe Bialet Massé:

“No eran pocas las mujeres que cargaban con el sostén de la familia……; de aquí que acepten resignadas que se pague su trabajo de una manera que sobrepasa la explotación, y con tal de satisfacer las necesidades de los que ama, prescinde de las suyas hasta la desnudez y el hambre (…)”.

El informe de Juan Bialet Massé

En 1904, según Bialet Massé, el salario en la ciudad de Córdoba era de $ 65 y un alquiler costaba $ 50.

Durante el último año del segundo gobierno del general Julio A. Roca (1898-1904) el primer mandatario, viendo la insolubilidad del “problema social” mediante el uso de la fuerza, encargó al ingeniero catalán afincado en Córdoba Juan Bialet Massé (quien tuvo a su cargo-junto a Carlos Casaffousth- la construcción del dique San Roque) la confección de un informe que detallara lo más precisamente posible el estado de las condiciones de vida de los sectores desfavorecidos a lo largo y ancho de territorio nacional. El mismo constó de 1500 páginas y resultó un alerta -no atendido- de los acontecimientos funestos que tuvieron lugar en Buenos Aires durante la denominada “Semana Trágica” (7 al 14 de enero de 1919) y de los fusilamientos de peones rurales en la provincia de Santa Cruz en 1920.

En 1919, el 11 de enero, 1000 trabajadores ferroviarios de Cruz de Eje– mientras en Buenos Aires se desencadenó la “Semana Trágica”- declaran una huelga que condujo a la ocupación durante dos días de la ciudad, la cual debió ser recuperada por fuerzas de seguridad riojanas.

Bialet Massé asumió en trabajo recorriendo, ya en sulky, en caballo, en carreta, en mula y muchas veces a pie, todas y cada una de la regiones del país y escudriñó en todas los diversos tipos de prestaciones que los habitantes de la patria se veían obligados a desempeñar a fin de sobrevivir. Cada uno de los capítulos que integran el informe atiende, específicamente, a rubros y/o regiones determinadas. En su derrotero descendió a los socavones mineros, se entrometió en los obrajes, al mismo tiempo que observó in situ las condiciones habitacionales de los sectores sociales en cuestión; o sea, se llegó a los ranchos, a las tolderías de diversas tribus, visitó conventillos, etc.

Puede, entonces, aseverarse que el ingeniero catalán fue uno de los más importantes precursores y cimentadores del derecho laboral argentino.
En mayo de 1904 el ministro del interior Joaquín V. González presentó un proyecto de código de trabajo que contenía mejoras sustanciales respecto de las condiciones laborales. Fue rechazado tanto por el sector anarco-revolucionario como por el sector conservador.

1918: el entronque obrero-estudiantil

En consonancia con las conquistas y logros que consiguió la reforma universitaria a partir de junio de dicho año comienza a gestarse un enlace solidario entre estudiantado y el sector obrero que lograría una fuerza inusitada, ya en setiembre del año en cuestión los estudiantes acuden a la central obrera en busca de apoyo para sus luchas, el cual es concedido de modo inmediato. A esto le siguió una de la huelgas más triunfales de la historia de las luchas de por los derechos laborales en Córdoba, la del calzado, protagonizada por los obreros de “Céspedes, Tetamanti y Cía”, la mayor fábrica de las 37 que había en la provincia, conjuntamente con la masa estudiantil. La medida de fuerza paralizó por completo a la ciudad (solo quedaron funcionando las farmacias). La huelga terminó cuando la patronal cedió a la totalidad de los reclamos exigidos.

En mayo de 1904, el ministro del interior Joaquín V. González presentó un proyecto de código de trabajo que contenía mejoras sustanciales respecto de las condiciones laborales. Fue rechazado tanto por el sector anarco-revolucionario como por el sector conservador.

La unidad obrero estudiantil se quebró en 1945 al pasar la dirigencia universitaria a la oposición del gobierno nacional, a cargo de Juan Domingo Perón.

El obrerismo rural en la provincia

El interior de la provincia tuvo sus asonadas y levantiscas así como también sus agrupaciones primigenias como el “Sindicato de carreros de Corral de Bustos”, “El centro de estibadores de Inriville”, etc. En la hoy ciudad de Leones la “Agrupación Rebeldía” de extracción anarquista, sostuvo un enfrentamiento armado contra los Escuadrones de Seguridad (un prototipo de fuerza parapolicial) y soldados provinciales en enero de 1921. El enfrentamiento se produjo tras las revueltas iniciadas en Los Surgentes y en San Marcos Sud; la batalla, 2 horas, el saldo fueron tres estibadores muertos, varios heridos y 90 detenidos. De todos modos, el sector rural tuvo que esperar hasta 1945 para contar con un estatuto que protegiera sus intereses y mejorara un poco sus condiciones y salarios.

El Cordobazo, ápice de la lucha obrera

Tal lo ponen en relieve las décimas de Humberto P. Brondo (obrero de la Kaiser en la década del 60), las condiciones laborales distaban de ser una panacea en aquella época, valiéndose de la métrica gauchesca muestra, en son de parodia, las instalaciones del establecimiento fabril que lo empleaba:

Hoy me enseñaron las fosas: 
Estaban poniendo un fierro 
Eran como diez, si no erro 
Y me dije para mí: 
¡Qué güenos son aquí, 
Le aseguran el entierro 
(hacía poco tiempo habían fallecido dos operarios al caer en ellas) 
De ahí fuimo pa`la cabina 
Ahí sí que me vi asustado! 
Salía una difrazao 
Que en colores escupía 
¡cálmese! me dijo el guía, 
Es pintura que ha tragao

(las intoxicaciones por ingesta de pinturas estaban a la orden del día)

En mayo de 1969 se produjo en la ciudad de Córdoba la que fue posiblemente la mayor gesta obrera de nuestro país. Con la presidencia a cargo del dictador Juan Carlos Onganía y con la CGT en manos del vandorismo, se conformó un eje complaciente con los sectores del poder económico nacional y reaccionario contra las conquistas laborales conseguidas durante años de luchas incesantes. Se pretendía sacar el sábado inglés, la quita de antigüedad, y las Quitas Zonales entre varias medidas desfavorecedoras para el sector obrero. En ese contexto un chofer de línea, la 18, de nombre Atilio López, comienza un trabajo de hormiga y logra, asamblea tras asamblea, conformar un frente combativo que organiza una huelga el 5 de mayo.

En 1919, el 11 de enero, 1000 trabajadores ferroviarios de Cruz de Eje –mientras en Buenos Aires se desencadenó la “Semana Trágica”- declaran una huelga que condujo a la ocupación durante dos días de la ciudad, que debió ser recuperada por fuerzas de seguridad riojanas.

Siete días más tarde, Onganía deroga el sábado inglés lo que provoca una pueblada en provincia de Santa Fe, el Rosariazo (entre el 17 y el 22 de mayo) y la “marcha del silencio” en nuestra ciudad, el día 23, donde se unen trabajadores, sacerdotes y estudiantes que tras ser ferozmente reprimidos ocupan el barrio Clínicas y resisten durante 24 horas. Se convoca a un paro general para el 30 en toda la nación, en Córdoba se adelanta para el 29 a partir de 10 horas. La movilización fue organizada y conducida por los dirigentes sindicales Agustín Tosco, Atilio López y Elpidio Torres, entre otros. Se enfrentaron con la policía y resistieron hasta el amanecer del 30; de inmediato se produjeron detenciones y allanamientos que condujeron a prisión a varios de los dirigentes sindicales. El 16 de junio cayó el gobernador Caballero, casi un año después, el 8 de junio de 1970, cayó Onganía.

Fuente. La Nueva Mañana

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