Por Denise Audrito- De los 9 a los 16 años, una niña fue obligada por su madre a ejercer la prostitución junto con ella, “porque no había plata en la casa”, y, al mismo tiempo, también fue abusada por sus hermanos.

Esta tremenda historia, que acaba de encontrar un final judicial, involucra a una familia en la que todos los protagonistas, víctima y victimarios, padecen un retraso mental.

Pero para la Justicia, el grado de discapacidad de los agresores no les impidió “comprender la criminalidad del acto o dirigir sus acciones”. Por eso fueron condenados en las últimas horas en la ciudad de Río Cuarto.

El juez Emilio Andruet, de la Cámara Segunda del Crimen (tribunal unipersonal), sentenció a B., la madre, a 10 años de prisión por “promoción de la prostitución agravada por el vínculo y por la minoridad de la víctima”. El fiscal de Cámara Jorge Medina había pedido 15 años de condena.

La mujer tiene 51 años y se dedicó la mayor parte de su vida a mendigar y a ejercer la prostitución.

“Casi no he podido hablar con ella porque no se le entiende, ella misma había denunciado a sus hijos por el abuso, y entendemos que no había pruebas de que ella hubiera prostituido a la hija”, dijo el abogado ad hoc de la madre, Ignacio Fernández, quien fue designado ante la falta de asesores letrados oficiales en Río Cuarto.

Los tres hermanos de la víctima (E., J. y N.), criados en medio de la promiscuidad, presentan déficit intelectual leve, según quedó asentado en el expediente del caso.

Los tres tuvieron condenas diferentes. E.P., de 26 años, fue hallado culpable de “abuso sexual con acceso carnal agravado por el vínculo y por la convivencia”, por lo que recibió 16 años de cárcel.

El menor, J.P. –quien fue rescatado de la calle por una iglesia evangélica, trabaja, y sólo regresaba esporádicamente a la casa– fue condenado a tres años de prisión efectiva por “tocamientos”.

Una de las historias más fuertes es la del mayor, N.P., de 28 años.

En 2013, había sido detenido por “exhibiciones obscenas” y declarado inimputable por su discapacidad mental. El psiquiatra que lo atendió, Gustavo Zanlungo, advirtió que podría derivar en abusos si no recibía el tratamiento adecuado. Estuvo seis meses en el neuropsiquiátrico de Oliva y salió medicado. Pero no se recuperó. Vivió en la calle y cuidaba autos.

Terminó abusando de su hermana y de dos nenas del barrio, de 8 y 3 años. Ahora fue condenado a 14 años de prisión

Más denuncias

En esta nota se reservan las identidades de los acusados para evitar la identificación y revictimización de la joven abusada.

En el juicio se supo que B. tiene sida, que contagió a sus hijos, y éstos a la adolescente.

El juez Andruet ordenó la detención de los hermanos en febrero pasado. Durante las audiencias, el mayor de ellos, N.P., denunció ante el magistrado que en la cárcel lo violaron.

Con naturalidad, los hermanos admitieron, además, que en la Unidad Penitenciaria 6 consumen estupefacientes. Ante esto, el Tribunal remitió ambos antecedentes a la fiscalía para que se investigue.

Una vecina fue la que hizo la denuncia que permitió en febrero del año pasado que F. saliera de la casa del horror. La joven tuvo intentos de suicidio.

“Al que más bronca le tengo es a mi padrastro”, declaró la víctima. Contó que cuando su mamá iba a visitar a sus hermanos a la cárcel, el hombre la violaba. El señalado, que es remisero, nunca habría sido investigado.

Fuente: La Voz del Interior.

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