Por José Raúl Tissera– Hay una máxima inexorable que dice: ” La vida del turista, es dura”. Levantarse al amanecer con las valijas ya listas, desayunar rápidamente, ver infinidad de templos o iglesias en un día. Pero por sobre todo, caminar. Y andar mucho. Con frío, calor, lluvia, tierra, empedrados, subir escaleras o montañas, visitar talleres de cualquier cosa, comer con tiempo contado.

En cualquier ciudad del mundo que ofrezca algo a los visitantes, está todo armado para que compren. Ya sea una botella de agua, souvenirs, postales, recuerdos típicos, bebidas, aceites, huesos del camello, remeras, bufandas, libros, lapiceras, gorros, tasas, vasos, colgantes, amuletos, pinturas, velas (ahora eléctricas), dulces. E infinidad de chafalonías a de todos los precios. También manufacturas típicas del lugar, alfombras, tapices, joyas de oro y plata, colgantes. En ese deambular, kioscos y bares para comprar bebidas, tentempiés ,café, té,agua…

Para que el turista gaste, se lo hace recorrer buenas distancias porque “siempre algo queda”. Y es lo que ayuda a mover la economía del lugar sea éste o no Patrimonio de la Humanidad. Como por ejemplo Carlos Paz,  Traslasierra, el casco histórico de Córdoba Capital,el Partenón, Las Pirámides de Egipto, el Coliseo Romano, la Puerta del Sol en Madrid, el París Monumental, el casco de Estambul, Jerusalén, Petra en Jordania, Venecia y cientos de lugares turísticos más diseminados en el planeta.

Alta Gracia es la excepción a esa regla comercial de oro. Los omnibus de excursiones estacionan a no más de una cuadra de la Iglesia y Casa del Virrey, visitan rápidamente, echan una mirada al Tajamar y se van. En la casa del Che o el Museo Manuel de Falla estacionan en el frente mismo.

El caso de quienes vienen en automóvil, con presunto mayor poder adquisitivo,es peor: estacionan sobre Belgrano-Viera a escasos metros del Patrimonio. Y lo más curioso es cómo queda cortada, de cuajo, entre calle y pilotes de ambos lados, la primera cuadra de Belgrano y Plaza Solares.

Impidiendo que los bares y confiterías, pongan mesas con sombrillas en la acera de la plaza, las llamadas “terrazas”, como ocurre en celebres plazas como Bruselas, Amsterdam y la Mayor en Madrid entre otras.

Facilitar el desarrollo comercial de nuestro Centro Histórico, con un reordenamiento lógico, práctico y racional servirá para crear nuevos puestos de trabajo y mejorar la economía de la ciudad.  Al menos, así lo creo.

Compartir esta noticia

Comentarios

comentarios

Dejar respuesta

Please enter your comment!
Please enter your name here