Por Iván Moreira – La historia de la maratón que el atleta local, Marcos Marino, corrió vestido de traje en honor a su hermano Matías.

“Hermano, quiero correr una maratón de traje”.
“Hermano”, como Mati siempre llamó a Marcos, nunca por su nombre, siempre por su relación, por su misma sangre, por ser su estilo de vida.

Siempre siento vergüenza cuando hablo de temas que no padezco, que no vivo en carne propia. Pero entendí que desde este humilde lugar, hay historias que merecen ser contadas, con el respeto y la responsabilidad que eso conlleva.

Desde el deporte me gusta entender y pensar la vida. Reflejándome en ejemplos y personas como guía y faros para tomar decisiones día a día.

Hace un tiempo conocí a un chico que le gustaba atajar. Ya de por si, son pocos los que eligen y sienten placer al estar en una posición que la mayoría no quiere.

Partiendo desde ahí y sin desmerecer a nadie, ese chico es especial. Como todos nosotros, pero hoy la historia tiene que ver con él. Con el que usaba campera hasta en el día más caluroso del año.

Vivimos en un mundo un poco intolerante, donde la empatía parece ser una palabra próxima a desaparecer del diccionario. Mati, pareció entender las cosas desde siempre, desde su mirada, sin ofender a nadie y respetando las decisiones de las personas.

Cuando digo “entender desde siempre” me refiero a que supo disfrutar los días sin poner excusas, sabiendo que ganar la lotería no te lleva a la felicidad, y que en las cosas y detalles más pequeños está realmente lo importante.

Me tome el atrevimiento de hacer esos párrafos para que conozcan un poco de donde viene esta historia.

Marcos Marino es un atleta local, que comenzó a correr con un objetivo y la vida le fue mostrando que pueden ir cambiando. Su hermano Mati, el de campera, era su mejor amigo, su cómplice, su todo.

Tan así qué pasó a ser su estilo de vida. “Lo único que no hacíamos juntos, era correr” me comentó Marcos en su casa al lado de su mama.

En una de esas charlas de hermanos, de desafíos y compromisos, Mati le dijo que alguna vez querría correr una maratón, como normalmente lo hacía marcos, pero vestido de traje y con mocasines. ¿Por qué? ¿Importa el por qué ? No. No importa. Lo quería hacer y punto.

La comenzó a preparar en compañía y bajo supervisión de su hermano mayor, palabra autorizada en el asunto.

En una de esas tardes de fútbol, Mati se golpeó el brazo y le descubrieron que tenía un Cáncer. Nunca pudo correr esa maratón. O en realidad, físicamente no la pudo correr.

El 24 de marzo de 2019, Mati decidió irse. Luego de tiempos donde supo disfrutar de cada momento, de cada día al máximo. Haciendo las cosas que le gustaban. Pasándola mal cuando no podía atajar, pero sin hacer de una enfermada un problema que le prohibía vivir.

“Vivimos equivocados pensando que hay problemas peores, mejores o buena fortuna y que nuestra forma de encarar la vida se debe basar en la combinación de sucesos que nos ocurren. El que está enfermo tiene que pasarla mal, el que gano la lotería bien. Pero en realidad el día a día no lo viven hechos aleatorios, sino nosotros que somos los que elegimos la forma en que afrontamos ese azar.”
Esto es un extracto de “¿Cancer o gripe?” escrito por Matias Marino.

Una semana después, Marcos tenía una maratón en Cordoba. La cual decidió correr, en honor a su hermano, de traje. Con zapatillas, sin mocasines, pero de traje. Con Mati. Con el de la campera. Haciendo lo único que no compartían, corriendo juntos.

En cada paso, en cada metro, en cada mirada del resto de las personas que no entendían. En todos lados y en todo momento estaban los dos juntos, como lo siguen estando.

Cruzar la línea y llegar significa tanto. Es tan amplio en cada persona lo que encuentra cuando pasa esa meta. Una simple línea que determina haber cumplido. Un tiempo de reloj que coincide con tantas cosas.

Muchas veces la nostalgia aparece en lugares ya recorridos, por momentos compartidos. En este caso, el sentimiento era otro, era emoción, orgullo. Sentir que realmente corrieron juntos. Cumplir desde uno lo que el otro quería hacer.

Pero la marca, el tiempo, es otro. Es el que Mati supo vivir y compartir. Enseñar y reflejar.
Realmente un “estilo de vida”.
Un estilo de vida que no entiende de agujas de un reloj.

Un estilo de vida que deja marcas y enseña.
Un estilo de vida que muestra por donde es el camino.
Un estilo de vida que se lleva en la piel.
Un estilo de vida que se contagia, y que traspasa de una persona a otra.
Un estilo de vida, que ahora tiene Marcos

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