Por Gustavo Veiga – El anuncio de la izquierda reza:

FORREST & MAPLES,
COMERCIANTES DE ESCLAVOS,

MEMPHIS, TENNESSEE,
Tenga constantemente a mano la mejor variedad seleccionada de
MANOS DE CAMPO, SIRVIENTES DE HOGAR Y MECÁNICOS,
en su Mercado de Negros, que se encuentra en la ciudad.
Ellos reciben diariamente desde Virginia, Kentucky y Missouri, frescos suministros
de Negros presumiblemente Jóvenes

NEGROS VENDIDOS EN COMISIÓN,
y siempre se paga el precio más alto del mercado por buena mercancía.
Su calabozo tiene capacidad para contener a trescientos, y por confort, elegancia y seguridad, está mejor arreglado que cualquiera en la Unión.
Personas deseosas de comprar son invitadas a examinar el stock antes de comprar en otra parte.
Ellos tienen a mano en el presente cincuenta Negros presumiblemente jóvenes, incluyendo Manos de campo, Mecánicos, Sirvientes de Hogar y Personales, etc.
Traducción: Santiago Menichelli

Por Gustavo Veiga (julio de 2014)

Una moda se extiende hace tiempo por el mundo como si delineara un cambio de época. Consiste en derribar estatuas. No importa qué signo ideológico representen esas moles de mármol, cemento o granito. Íconos del colonialismo, el fascismo, el estalinismo o enemigos del nuevo orden establecido bajo la tutela de Estados Unidos (de Saddam Husein a Hafez Assad, el padre del actual presidente sirio), esos símbolos cayeron en medio de invasiones imperialistas, revueltas internas o incluso en tiempos de paz.

Pero hay monumentos que resisten sobre su pedestal protegidos por la historiografía oficial, si por oficial se entiende la interpretación de ciertos vencedores o vencidos funcionales a los vencedores, no importa la época. Se trata de criminales de guerra llevados al bronce. En España se retiró la última estatua de Franco en 2012 de una plaza de Santander. Ya no quedan imágenes del generalísimo en lugares públicos, aunque perdura su marca indeleble en la historia española. Existen también incómodas presencias de piedra mimetizadas en otros paisajes.

En Affile, Italia, en agosto de 2012 se inauguró la que representa al mariscal Rodolfo Graziani, un militar fascista que sirvió al Duce en Libia y Etiopía. Precursor del gaseado con armas químicas a los pueblos de esos países africanos. Un personaje que tuvo el tupé de pronosticar “Mussolini tendrá Etiopía con o sin etíopes”. Condenado a 19 años de prisión por crímenes de guerra en 1948, lo liberaron en 1950 y murió en 1955.

En Hungría, la extrema derecha del Movimiento Jobbik inauguró un busto del ex presidente Miklos Horthy en noviembre de 2013. Colaborador de los nazis, permitió la deportación de 437.000 judíos durante su gobierno hacia los campos de concentración. Los homenajes a este almirante sin armada en un país sin salida al mar se multiplicaron. Tiene plazas y placas con su nombre, también consentidos por el partido oficialista, Fidesz, de derecha. Horthy se mantuvo en el poder entre 1920 y 1944. Detenido y conducido a Alemania, zafó de los juicios de Nuremberg. Los representantes de la comunidad judía en Hungría dicen que “su rehabilitación es inaceptable”.

Mucho más cerca de Argentina, en Chile, el dictador José Toribio Merino – un marino que integró la junta militar que dio el golpe contra Salvador Allende en 1973 encabezado por Augusto Pinochet – tiene una estatua en el museo marítimo nacional de Valparaíso y hasta un buque de guerra con su nombre.

La armada defiende esas distinciones, aunque un grupo de civiles y militares retirados le pidieron a la presidenta Michelle Bachelet que le retire esos honores conferidos. El prestigioso escritor y periodista Osvaldo Bayer comenzó hace tiempo su prédica de desmonumentar a Julio Argentino Roca en todo el país. En mayo de 2010, la ciudad bonaerense de Junín fue el escenario del primer congreso nacional del movimiento que inventó aquel verbo tan gráfico. En 2013, el propulsor de la iniciativa anunciaba que más de 120 municipios y ciudades argentinas habían cambiado el nombre de Roca de avenidas, calles y colegios por otros como Pueblos originarios o Arbolito, en reconocimiento a un cacique ranquel.

Bayer definió mejor que nadie al verdugo de indios. Lo hizo cuando rescató un discurso del ex presidente ante el Congreso, después de que terminó la denominada Campaña del Desierto: “La ola de bárbaros que ha inundado por espacio de siglos las fértiles llanuras ha sido por fin destruida. El éxito más brillante acaba de coronar esta expedición dejando así libres para siempre del
dominio del indio esos vastísimos territorios que se presentan ahora llenos de deslumbradoras promesas al inmigrante y al capital extranjero”.

Voluntades a favor de levantar polémicos monumentos o de su destrucción recorren diferentes latitudes del mundo. Caen gobiernos y con ellos las estatuas de sus representantes. También se levantan otras. Este material simbólico cincelado por el hombre se derrumba o se conserva sobre un pedestal en naciones tan diferentes como Irak, España, Siria, Italia, Chile, Hungría, Argentina o Estados Unidos, depende de quién se trate el personaje inmortalizado en el bronce.

La mayoría de estos casos ha tenido mucha o poca repercusión fuera de sus fronteras. Pero hay uno ignorado, sumergido en el fondo de la historia del país más poderoso del planeta. Se cumplirá su 150º aniversario en 2015. Curioso ejemplo de historia no muy revisada, acaso porque se trata de un protagonista ajeno a los grandes debates que cruzan nuestra actualidad. Por cierto, un personaje menor que podría merecer una viñeta o los párrafos finales de esta nota. Si se lo juzgara con los parámetros que se juzgó a tantos genocidas, él sería uno más. Declarado criminal de guerra en el país que eligió para vivir, juzgado, condenado y ejecutado en la horca, hoy tiene una estatua en Estados Unidos. Queda en Andersonville, un poblado del estado de Georgia. Su módica fama no llega ni a los talones de otro criminal de guerra mucho más reciente, quien jamás será juzgado y mucho menos condenado y ejecutado por sus crímenes en Irak y otros lugares del mundo: George W. Bush.

Se trata de Henry Wirz, un suizo que llegó a EEUU en 1849 y se enroló en el ejército confederado durante la Guerra Civil o Guerra de Secesión. En 1864, cuando el conflicto ya se resolvía a favor del bando federal, el capitán médico quedó a cargo del campo de prisioneros de Andersonville. Antecedente de los que a fines del siglo XIX se popularizarían como “concentration camp”, inaugurados por el ejército inglés durante la Segunda Guerra de los Bóer en Sudáfrica, (1899-1902). La historia ya nos enseñó lo que sucedería cuatro décadas después con el holocausto de seis millones de judíos. Auschwitz- Birkenau, Treblinka y Dachau son sinónimos de la política de exterminio nazi.

El aporte de Wirz y el ejército esclavista al que perteneció fue mucho más módico en cantidad de víctimas fatales. Unos 13.000 prisioneros murieron de enfermedades, hambre e inanición en Andersonville, donde hoy se levanta un memorial y se preserva la historia de este criminal de guerra que fue ahorcado en Washington, con la Casa Blanca como fondo. El único hombre ajusticiado cuando finalizó la guerra.

Su historia se emparenta con la del general Nathan Bedford Forrest, una especie de Julio Argentino Roca de los confederados. Fue su más prestigioso oficial de caballería. Y tiene su propio monumento de granito en el cementerio de Selma, Estado de
Alabama, uno de los más racistas de EEUU. Pasaría inadvertido si no fuera porque se trató de un fundador del Ku Kux Klan, en el que llegó a su máxima jerarquía: Grand Wizard o Gran mago de la orden racista.
En la película Forrest Gump, Tom Hanks, el actor que protagoniza al personaje principal, cuenta que le pusieron su nombre de pila en honor a ese antepasado suyo. En el célebre largometraje, el general Forrest aparece montado a caballo con la capucha y la túnica blanca con que el KKK salía a cazar negros. Es el mismo del aviso que ilustra esta nota al comienzo. Vendedor de esclavos y socio de un tal Maples.

Fuente: www.gustavojveiga.com/

Compartir esta noticia

Comentarios

comentarios

Dejar respuesta

Please enter your comment!
Please enter your name here