Por Licenciada Alicia Lucero. Esta semana estoy con la idea inspiradora de los barcos…Los timones, el agua mansa y el agua, en bravos movimientos, que atemorizan…
Todo, porque quise pensar en la vida de una madre cualquiera y, para ello quise también, compararla con una barca en el medio del mar. En esa vida plena de vivencias no imaginadas ni por el mejor autor, comparables a un barco en medio del mar.


Para algunas mamás, se trata de un mar manso; para otras, un mar que se muestra con oleajes intensos. Para todas, un lugar desconocido.
Así es, creo yo, es esto de iniciar la maternidad: un extenso mar con dimensiones inmedibles y sorprendentes.
La maternidad, se vive en un espacio, para el cual, no hay libro que pueda reemplazarnos en esa función eterna; ni brindarnos información del cómo se debería actuar en cada momento que nos ocurren las cosas. Todo se aprende con el timón en las manos; en nuestras manos.
Dios nos ha dejado este trabajo de ser madre; nos ha bendecido con un hijo o varios. Y, nos ha provisto de un amor sin condiciones que no nos frenará, para ante la lucha contra el enemigo que quiera dañar a los cachorros.
Como dije anteriormente, ser madre, no es fácil. Pero, es inmensamente gratificante.
Dios nos ha regalado un hijo, y en cada uno de ellos, una enorme red pescadora de sueños… que son de ellos, pero los sentimos nuestros.

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