Por Gustavo Veiga, especial para Derribando muros- Podrían volver a Tegucigalpa por la base aérea de Palmerola, la misma que se utilizó el 28 de junio de 2009 para desterrar aquella vez al ex presidente Manuel Zelaya durante un golpe visto con simpatía por los EEUU. La crisis humanitaria es tan grave que el gobierno de Barack Obama alojó a miles de estos pequeños migrantes hacinados, sin una alimentación adecuada y en centros de refugiados y bases militares, lo mismo daba.

El tema motivó que a principios de agosto de 2014, varios presidentes latinoamericanos reunidos en Venezuela expresaran “su profunda preocupación por la detención de niños, niñas y adolescentes migrantes no acompañados, procedentes en especial de países de Centroamérica, en la frontera sur de los Estados Unidos”. Ratificaron además la idea de “no criminalizar la condición migratoria, la prohibición de detención por motivos migratorios, y el rechazo de las políticas de deportación automática”.

La expeditiva dureza con que EEUU decidió a su manera enfrentar el problema, se compadece con la situación interna de sus propios menores. En su informe anual de 2013, la organización Human Rights Watch denunció que la principal potencia mundial “utiliza de manera generalizada el confinamiento en solitario de menores de edad dentro de prisiones y cárceles para adultos, a menudo durante semanas o meses. En 2011, más de 95.000 personas menores de 18 años estaban encerradas en prisiones y cárceles para adultos. El confinamiento en solitario provoca graves problemas para la salud mental y física, y menoscaba la rehabilitación de los adolescentes”.

Colocados en contexto, estos datos no deberían llamar la atención. La conocida ONG señaló que “en 2010, Estados Unidos tenía la mayor población carcelaria del mundo, 1,6 millones de presos, y la tasa de encarcelamiento per cápita más alta del mundo, 500 reclusos por cada 100.000 habitantes”.

En muchos casos, así termina el sueño de la Green Card – la tarjeta verde de residencia en EEUU – por la que miles de latinoamericanos intentan cruzar las fronteras del norte, más allá de un muro que emula a la Gran Muralla china, barreras, sensores electrónicos, helicópteros, vehículos, perros adiestrados y guardias dispuestos a todo con tal de frenar el aluvión de migrantes que llega por oleadas desde el sur.

El problema de los indocumentados que arriban principalmente de Centroamérica (Honduras, Guatemala y El Salvador) a través de la frontera con México, se amplificó en 2014 porque un considerable número de ellos son menores. Si tienen mucha suerte y consiguen quedarse en Estados Unidos, ya adultos podrían obtener la Green Card. Existe un camino para lograrlo: aceptar sumarse a las fuerzas armadas y enrolarse para combatir en países como Afganistán o Irak, a donde el imperialismo ha llevado sus guerras planetarias. Es el tema de la película Greencard Warriors estrenada este año. O sea, dos veces se enfrentan a la alternativa de una muerte probable. O en la blindada frontera con México o fronteras adentro de naciones donde las bombas caen de a racimos. Es el caso de Medio Oriente, un destino al que esos inmigrantes, de pequeños, nunca hubieran imaginado llegar.

Hace dos meses, publiqué en Página/12 una extensa nota sobre la crisis migratoria de los jóvenes y niños que cruzan las fronteras de EEUU, aún desafiando sus disuasivos dispositivos de seguridad. Muy poco cambió desde junio, cuando la problemática tuvo que ser abordada por el vicepresidente estadounidense, Joe Biden, en Guatemala, donde se reunió con el presidente local, Otto Pérez Molina, su colega Salvador Sánchez Cerén de El Salvador y funcionarios de Honduras y México.

Ahora, desde esta página reproducimos una parte considerable del artículo, que no ha perdido vigencia. Nada se modificó en la política punitiva de Estados Unidos (huérfana de una solución de fondo sustentable), a no ser por las deportaciones inminentes de niños y jóvenes que son esperados en Honduras y El Salvador por estos días de agosto.

“Las imágenes que tomaron los medios que ingresaron a los centros de Brownsville (Texas) y Nogales (Arizona) amplificaron la dimensión del conflicto migratorio. Miles de niños duermen en el piso envueltos en cobertores de aluminio, y en lo que semejan pajareras iluminadas por tubos fluorescentes, los más pequeños descansan unos sobre otros. Se ven también bebés con sus madres, baños químicos, integrantes de las patrullas fronterizas y muchos adolescentes solos. Ése es el principal problema. Que viajan sin la compañía de un mayor a Estados Unidos o con hermanos menores y ahora, la gran mayoría, espera por la deportación.

Biden señaló tras la reunión con Pérez Molina que “los niños van a ser tratados humanamente y con justicia en nuestro país antes de serdevueltos a Guatemala como quisiéramos que fueran tratados nuestros niños”. La Unión Americana de Libertades Civiles de Arizona (ACLU), una activa ONG que denuncia los atropellos contra los inmigrantes en proceso de ser deportados, desmintió al vicepresidente de EEUU: “Documentamos la forma terrible de cómo los menores están siendo abusados sexual y físicamente, con agresiones verbales; no les dan tratamiento médico y obviamente los niños están en condiciones terribles e inhumanas. Es un problema que hemos documentado por años”, explicó Alessandra Soler, directora ejecutiva de ACLU.

“Había, por ejemplo, una chica de 16 años con un bebé de 2 años, y no le querían dar leche al niño. Otra chica tenía un ataque asmático y no era atendida”, agregó la representante de la ONG en declaraciones publicadas por el diario Prensa Libre de Guatemala. Once mil niños detenidos en EEUU son oriundos de ese país.

Honduras es otra de las naciones más afectadas por la migración de sus menores indocumentados. La embajadora estadounidense en Tegucigalpa, Lisa Kubiske, lejos de aportar una solución civilizadora, declaró: “No tienen status legal para quedarse en los Estados Unidos. Y punto. No importa si son niños o adultos, serán deportados”. La diplomática también lamentó que el presidente hondureño Juan Orlando Hernández no se reuniera con Biden en Guatemala para tratar el conflicto migratorio. El mandatario estaba viendo el Mundial de fútbol en Brasil. Pero al menos habló por teléfono con el vice norteamericano. En una visita reciente a Washington, Hernández había definido a los pequeños migrantes como “desplazados de guerra” y dijo que EEUU “tiene que hacer más”.

El consulado de El Salvador en Tucson, Arizona, relevó que en esa ciudad había 1.154 menores indocumentados, de los cuales 379 eran de ese país. En un comunicado, la Cancillería salvadoreña señaló: “Hacemos el más firme llamado a tomar en cuenta que los niños, las niñas y adolescentes, con independencia de su situación migratoria, son sujetos de derechos y todos los Estados deben asegurar su bienestar, cuidado, seguridad y protección en todo momento, sin distinción alguna. La viceministra para los salvadoreños en el exterior, Liduvina Magarín, constató que al menos en un centro de recepción, los menores “están en una condición deprimente y de total falta de espacio, higiene y alimentos. Es en el Centro McAllen de la Patrulla Fronteriza”.

Las estadísticas indican que el problema se agrava con el paso de los años. Sobre todo, las que maneja el senador de origen cubano Ted Cruz, un republicano del ala más derechista del partido que cuestiona a Obama por su presunta permisividad.

“En 2011 había aproximadamente 7 mil menores no acompañados que fueron detenidos. En 2012 ese número aumentó a 14 mil. En 2013 se elevó a 24 mil. Y en 2014 se calcula que va a llegar a 90 mil y en 2015 el gobierno está estimando que subirá hasta llegar a 145 mil”, describió Cruz, de 43 años y jugado a ser presidenciable en 2016. En Estados Unidos ya lo comparan con Joseph McCarthy, el senador republicano que hizo escuela con su anticomunismo en los años 50. Robert Menéndez, otro senador de origen cubano aunque del Partido Demócrata, habló de “tragedia”. Y propuso atacar el problema en varios frentes, sin exceptuar el de la seguridad nacional.

Los menores capturados en la frontera – se estima que por día unos 400 intentan entrar a EEUU-, son por lo general retenidos 72 horas en centros como los de Brownsville y Nogales. Muchos de ellos, vencido ese plazo ya son enviados a bases militares en California, Oklahoma y Texas. El 60 por ciento terminarán deportados, según la ONG Niños en Necesidad de Defensa (KIND). México, por donde necesariamente deben pasar los menores indocumentados, también deporta: 8.577 fueron expulsados del país en 2013. En los primeros cuatro meses de este año, Estados Unidos tomó una medida semejante con niños mexicanos. Rechazó a unos 6 mil.

Es un círculo vicioso que relató con agudeza el escritor hondureño Roberto Quesada, un especialista en temas migratorios y autor de la novela Nunca entres por Miami: “Estados Unidos debe de recordar que Centroamérica no es Afganistán, ni Irak, ni esos países lejanos en donde se va a promover el caos sino los vecinos inevitables, y ante la catástrofe local, el destino se llama Estados Unidos. Si continúan patrocinando y respaldando la antidemocracia, los fraudes electorales, la impunidad, entonces abran espacio que masivamente se moverán los centroamericanos hacia los Estados Unidos”

Fuente: www.gustavojveiga.com

Foto ilustrativa

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