Por Luis Logullo- “Pateé el tablero y tengo muy claro mi destino de martirio. Que me maten es lo mejor que me puede pasar”.  (Papa Francisco). Es para mí tan poderoso lo que condensa esta frase, que no creo poder explicar acertada y claramente mi postura con el Papa como cabeza visible de una institución capitalista y milenaria, la Iglesia católica. Además entiendo –y esto lo he dicho hartas veces pero lo reitero para atajarme de las piedras virtuales que me lapidan- la pulsión legítimamente fundamentada de reclamarle más y más apertura. Pero no es posible eso.

Y no es posible porque si así este hombre lo hiciese, jamás hubiera llegado a ser Papa y sería cura obrero en barriadas populares, y Bergoglio, con todas sus históricas miserias, no eligió nunca ese camino. Bergoglio viene a vengarse y eso no puede decirlo ni por asomo, viene a patear los muebles con la ilustración jesuita y sabe que eso tiene un precio. Lo pueden matar. Ya sabe que lo van a matar porque esta gente no abre la boca sin pensarlo diez veces.

Y como además habla constantemente en un lenguaje imbuido en una jerga de símbolos, está diciendo(nos) que han matado Papas en otro momento de nuestra Historia cercana, está diciendo que nuestras sospechas vox pópuli de entrecasa siempre han sido verdaderas. Bergoglio no puede decirlo pero lo dice.

Por ejemplo: El presidente de un banco social que promueva el cooperativismo (El Credicoop, tomando un caso) otorga créditos flexibles a una tasa más baja que la normal para incentivar la formación de cooperativas, pero no puede regalar el dinero ni dejar de cobrar esos intereses, caso contrario no sería el Presidente del banco ni ese banco sería un banco, no se le puede pedir más, no se lo perdonarían. Es muy burdo mi ejemplo, pero si usted se fija nuevamente, al comienzo de este escrito digo que no creo estar en condiciones de palpar en letras esto que pienso, y no sé si podría hacerme entender.

Personalizando esto, aclaro que no soy pro-Papa(s) debido a que desde mi homo-sexualidad sería una tremenda incongruencia ser católico y homosexual, policía o militar, ya que aliarme con el Poder que me rechaza rozaría lo lacayo y la malinche.

Hablo de lo macro y no de lo micro, no escribo sobre la complicidad de Bergoglio con la dictadura cívico-militar, no, estoy tratando de ir un poco más allá, a lo que ese hombre dice desde el lugar donde está ubicado hoy o lo han ubicado en su momento quienes hoy están (muy) arrepentidos de haberlo hecho.

Y por eso Francisco dice: “Que “ME” maten es lo mejor que “ME” puede pasar”, les habla a esos que conoce, está arrojado sin freno ni retorno, ya habla en primera persona sin importarle la exhibición de su ego –“MI” destino de martirio, dice- jugado. Y está jugado porque es un humano enojado. Porque ya sabe que lo van a matar.

Lo que usted y yo sabemos y opinamos acerca la Iglesia como institución capitalista, de las monjas y de los curas, de la separación de la iglesia del Estado, de los subsidios de nuestro Estado hacia ellos, es algo que ni vale la pena reiterar por consabido. Le estoy hablando de otra cosa, de lo macro que no se ve y de un tipo que es un fusible que van a cambiar pronto. Le hablo de un hombre que (ya) sabe que lo van a matar. De eso le hablo.

 

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