Por Adrián Camerano– Una locura. Eso es lo que vivió la Liga Infantil de Fútbol de Alta Gracia (LIFAG) este fin de semana, con un nuevo episodio de violencia en los campos de juegos de las divisiones formativas. En la cancha que el club Central tiene en barrio Liniers se enfrentaban este domingo los equipos 2003 de Platense y Banfield, dos de las instituciones más tradicionales de la ciudad.

El clásico se desarrollaba normalmente, con triunfo para el Calamar por 3 a 0, cuando a cuatro minutos del final un incidente entre dos jugadores obligó a suspender el partido.

Hasta allí, todo medianamente normal. El problema de mayor envergadura se suscitó cuando se retiraban del predio los jugadores y entrenadores de Platense: la parcialidad banfileña los insultó, volaron trompadas y una mamá cayó desmayada, y con convulsiones.

“Es una vergüenza lo que pasó. Nos pegaron a madres y padres, chicos, entrenadores y a mi, que soy el presidente del club” indicó Javier López, titular de Platense. El dirigente señaló que a la madre desmayada “le practicamos ahí mismo los primeros auxilios” y que la Policía tardó en llegar y cuando lo hicieron “estaban pintados al óleo, sólo preguntaban datos”. Por el episodio, Platense evalúa retirar a todos sus equipos de la Liga.

No es la primera vez que la violencia conmociona al fútbol formativo altagraciense. A fines de 2016, un partido en la cancha de Malvinas Argentinas hubo trompadas, alcohol y exhibición de armas blancas. Aquella vez el hecho obligó a la suspensión del torneo, y al lanzamiento de la campaña municipal “Sin violencia dentro y fuera de las canchas”, donde se comprometían a erradicar el alcohol y a contratar policías como adicionales de seguridad. A un año vista, la movida –que comenzó con ímpetu y se fue desdibujando- resultó, al menos, insuficiente.

 

Foto. Facebook Platense Alta Gracia

 

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