Por los Escritofrénicos para La tinta- Este viernes se realizó en la ciudad de Córdoba una nueva edición de la Marcha por el Derecho a la Salud Mental, movilización que exige la plena implementación de las leyes Nacional y Provincial, y demanda políticas públicas integrales que garanticen el derecho a la salud mental. Desde el Taller de Periodismo Gráfico del Área de Rehabilitación del Hospital Neuropsiquiátrico Provincial realizaron un balance de lo que fue esta cuarta edición.

El 6 de octubre pintamos la calle de humanidad. La pintamos con poemas, canciones, murgas, con radio, con teatro. La pintamos porque el gris de la ciudad nos recuerda al gris de las salas de contención. La pintamos de colores con nuestros cuerpos y mentes. Porque al fin y al cabo somos eso, una mente que habita un cuerpo y un cuerpo que habita una mente.

Paso a paso, marchamos por una vida mejor, más digna, sin pastillas, sin electroshock, sin falta de trabajo. Queremos que nos traten como iguales, de mejor manera. Porque no somos criminales, porque no somos peligrosos. Por cuarta vez caminamos las calles con orgullo y felicidad.

Marchamos para defender la salud mental, es bueno, nos sirvió para hacer cosas que antes no podíamos hacer, y aunque no lo crean, nos sirve mucho. Tenemos que defender la salud mental para que haya gente que pueda sonreír. A nosotros nos cambió la vida. El encierro castiga, no soluciona nada. El viernes marchamos porque se abre una nueva esperanza hacia nosotros. Nos van a escuchar, los políticos, los gobernantes, los que tienen que hacer algo por todos. Se han olvidado, pero les vamos a recordar que acá estamos. Y sobre todo hablamos de dignidad, que para nosotros es muy importante.

Somos dignos, antes de las marchas, porque nacimos humanos. Sin embargo esta marcha nos ha cambiado la visión, queremos que se haga realidad lo que plantea la Ley, pero queremos más. También queremos crecer, trabajando, queremos ser libres. Antes queríamos que la Ley cumpla esto, que el Gobierno cumpla la Ley. Ahora nosotros mismos trabajamos por esto. Es más fuerte, más sólido. Lo que nos importa es que sepan que tenemos los pies bien puestos sobre la tierra y no nos vamos a cansar de pelear. No les queda otra, sino esto no es una democracia.

Marchamos por todos, los de adentro y los de afuera, que también se pueden enfermar, o lo están y no se dan cuenta. Esta marcha fue la visibilización de nuestra seguridad. Hemos crecido un montón y eso es re importante porque estamos expresando todo lo que aprendimos en estos años. Hacemos literatura, canto, radio, pintura, hacemos mucho. Tenemos la capacidad de decir las cosas de frente y sin miedo. Estamos sanos y peleamos para que los que se enfermen estén en buenas condiciones, dignas. Queremos una buena atención en salud. No más encierro, ni cárceles, porque el manicomio, aunque usted no lo crea, es una cárcel.

En esta cuarta marcha nos hemos sentido muy bien. Hemos podido participar en el espacio público. Fuimos observando todo lo que pasaba y hemos visto a todas las personas que nos apoyan, que nos acompañan. Seguiremos luchando, en esta situación de no bajar los brazos.

Nos gusta el afuera. Transmitimos lo que nos pasa y nos escuchan, nos leen, nos abrazan. Nos sentimos cómodos. Es hermoso ver al otro, contarle un cuento, leerle un poema, hacer una entrevista, nos lleva a jugarnos más, a conocernos más.

Teníamos miedo, no vamos a mentir, pero se nos pasó con la fuerza de la gente, con el sonido de los pasos de todos nosotros avanzando. Sentimos mucho apoyo, nos sentimos acompañados, vimos que no estamos solos. En ese momento notamos que estábamos juntos por el mismo objetivo y nos encantó, nos hizo sentir bien ver cómo cada uno ponía su grano de arena. Nos sentimos libres.

Informamos la verdad, lo que necesitamos realmente, no lo que dicen los otros que necesitamos. Los otros no lo ven, creen en el traslado de una estructura y se olvidan de nosotras, las personas, las que habitamos día a día los espacios de salud mental. Nos quieren engañar, nos cambian un chaleco de fuerza, por un chaleco químico; nos dan una pastilla y nos dicen que es la solución; quieren cerrar un manicomio, para abrir otro en otro lugar; recortan y a eso le dicen “desmanicomialización” cuando lo que hacen es desinstitucionalizar. No somos tontos, y los colores que portamos nada tienen que ver con la histórica estafa de los espejitos españoles. No nos van a comprar.

Hace 7 años que venimos en la instancia donde el reclamo procede desde el argumento de que la medicación y el encierro destruyen nuestras neuronas, por eso, la salud mental habla de liberación, de respetar los derechos. Nos ponen agujas, como clavos a Cristo y aun así desde nuestra inmensa piedad pedimos que se perdone a los psiquiatras, después de todo, no saben lo que hacen.

Desde la calle, por una ventana, más allá de las rejas, se escuchan voces. Son las nuestras. Somos nosotros combatiendo el encierro con libertad.

Imágenes: Colectivo Manifiesto

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