Por Luis Logullo- 

-¿Qué hacés con la caña?.-
-Me voy a pescar.-
-¿Viste el cielo?.-
-Si, está arriba.-
-Todo negro está. Parece de noche.-
-Por la tormenta.-
-Hay rayos y truenos, van a caer soretes de punta.-
-¿Dónde está la masa que guardé en el freezer?.-
-¿Vas a cruzar las montañas?.-
-Si.-
-Acordate del rosarino.-
-Binner está muerto para mí, pero no le pienso rezar.-
-Te digo del gordo rosarino que lo cocinó un relampagazo.-
-¿Dónde carajo están los anzuelos?.-
-Mucha gente ha muerto así, sola y quemada. Gritando.-
-Me meto adentro del auto. Resisten un millón de voltios.-
-Pero las piedras te lo hacen mierda.-
-Si querés que no vaya, decímelo de una puta vez.-
-¿Yo?…estás grande…hacé lo que quieras!!.-
-Ok…me quedo.-
-Yo iría igual…si tengo ganas voy lo mismo.-
-Pero mirá el cielo como está!!!.-
-¿Y?…por ahí acá diluvia y allá no!!!.-
-Mejor me quedo…-
-Qué poco aventurero me saliste…-
-Andate de acá.-

Y llovió nomás. Se desataron todos los demonios juntos que ni la peluca de De la Sota lo hubiera resistido. Menos mal que no fui, a ver si en una de esas me mataba un rayo como al gordo rosarino.

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