Por Luis Logullo- Vivo a unas tres cuadras pasando la loma del orto. Frente a una montaña y entre dos vecinos sociópatas que se dejan ver poco. Los dos son de extrema derecha. Tengo mi propia calle y esa calle termina en mi comedor, literalmente hablando y escribiendo. De modo que si alguien llega a mi casa, es por dos razones: Se perdió o viene a visitarme expresamente. En el medio no hay otra opción. Y para cuando aumenta el turismo (detesto al 95% de los turistas y soy Violencia Rivas con ellos, le aclaro) mi campo se llena de gente perdida, al pedo, y cuasi al borde de la desesperación como Sheldon Cooper en un curso de alfabetizadores.

También son de arribar gentes con serias patologías mentales o delirios místicos como los testículos de Jehová, y debido a que para llegar a la entrada de mi casa debo transitar más de setenta metros, por la ventana les grito “Papá, dejame el folleto en el buzoncito blanco”, y se van chochos de la vida. A su modo creo que hasta me quieren porque nos une la resciliencia ¿usted tiene idea de lo que es deambular guadales polvorientos entre serpientes y arañas para llevar los dichos de un tipo que dejó morir a su hijo virgen crucificado y da cátedra de amor universal?. Es loable eso.

Y hoy, en medio de mi sesión de pesas con tachos de pintura y una barra confeccionada con un caño de gas traído del basural, golpean las manos allá adelante en la entrada. Por la ventana distingo a seis personas apenas pasados de adolescentes; de a puro shorts, encuerados, transpirados. Había también una jovencita de vincha onda Yoko Ono pasada de Giácomo capelletinis. Mis perras casi se comen al de la guitarrita, y al del tambor el perro lo meó hasta abajo de la rodilla. Me acerco, me dicen hola capo máster y les contesto un buenas.

-¿Usted es de acá?.-
-Y si…vistes.-
-¿Por dónde salimos?.-
-¿Para adónde?.-
-Para el pueblo.-
-Tres kilómetros para allá.-
-Uh…qué cagada…¿tres?.-
-Si, tres.-
-Y esta calle ¿para dónde va?.-
-Para el comedor de mi casa.-
-Ah…já…-
-Hablo en serio.-
-Somos de Buenos Aires, pero ahora venimos del pueblo de acá al lado.-
-Acá al lado no hay ningún pueblo.-
-¿No?.-
-No.-
-Venimos del pueblo el Rincón nosotros…¿Este es el pueblo La Banda?.-
-Lo que decís son apenas barrios de la zona rural de un mismo pueblo.-
-Ahh…tipo que La Banda ¿no tiene su plaza y un centro?.-
-Exacto.-
-Y entonces…¿el barrio chino que es?…¿por los inmigrantes?.-
-No, nada que ver. Es porque se cultiva mucho fumo con la complicidad de la intendencia y están todos así…chinitos.-
-Guaaaa!!!!…y ¿dónde queda?.-
-Ni se te ocurra. Cortás un cogollo, te cagan a tiros y vas a una zanja. Ni Juan Carr te encuentra.-
-¿Juan Carr es el intendente de acá?.-
-Ponele…-
-Porque no tenemos señal y encima tenemos que cargar el celular.-
-En esos barrios casi no hay luz.-
-Uh…qué joda.-
-Te dije…-
-Y ¿cómo volvemos al pueblo?.-
-(la Yoko Ono)- Gastón ¿sos pelotudo vos?, ya te dijo el señor que son tres kilómetros bordeando la montaña.-
-A mí no me bardees, forra.-
-Pendejo.-
-Trola.-
-Miren muchachos, me tengo que ir para adentro.-
-Nooo!!!…¿cómo salimos de acá? (a coro).-
-Les dije…son tres kilómetros para allá.-
-¿Hay río?.-
-Está seco.-
-Y ¿Capilla del Monte?.-
-Para el otro win, cincuenta kilómetros. Y la ciudad de Erks no existe, de onda te digo.-
-Ufa!…-
-Y ¿qué hay de lindo acá?.-
-¿En este campo?…yo.-
-Jeje.-
-También hablo en serio.-
-¿Podemos dejar los tambores acá?.-
-Me provocan brotes psicóticos.-
-¿Y acampar?.-
-Ni en pedo.-
-Qué mala vibra en este pueblo.-
-Y si…yo te avisé.-
-Usted ¿no se aburre acá?.-
-No…siempre cae algún pelotudo que me divierte. Nomás es cuestión de esperar-
-Buéh…hasta luego..-
-Adiós.-

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