Por María Luz Cortez. Paralelamente a la concurrida Fiesta de las Colectividades, se monta una enorme feria con cinco cuadras de puestos de venta. La mayoría de los feriantes son senegaleses, pero hay vendedores que llegan desde todo el país. Los bajos precios atraen y generan controversias.

«Vamos a ver a los negritos, y ahí te compro algo”, le promete una mamá a su pequeño hijo, mientras se dirige a la feria ubicada en calle Raúl Alfonsín, en Alta Gracia.

Pantalones, remeras, sombreros, muñecos chicos, grandes o luminosos, accesorios para celulares o computadoras, juguetes, calzados, toallas, hasta planes para automóviles cero kilómetros y, por supuesto, comidas y bebidas, entre muchos otros, forman el cóctel de diversidades que se monta una vez al año en Alta Gracia para la “otra fiesta de Colectividades”.

La feria, que ocupa cinco cuadras, es un fenómeno regulado por ordenanza municipal. No es exclusivo de esta ciudad: también se repite, aunque con matices de tamaño y de estilo, en otras durante sus festivales.

Mientras en el predio colindante se desarrolla por estos días la 32ª edición de la Fiesta de las Colectividades, a metros, en plena calle, un verdadero shopping a cielo abierto congrega a otras multitudes cada noche.

La vedette son los precios populares que cada noche atraen a cientos de vecinos y de visitantes. Muchos, de hecho, ni siquiera ingresan al predio oficial del festival y, en cambio, optan por la simple y gratuita recorrida “por los puestos de los negros”, como se escucha decir en la ciudad.

Es posible, entre cientos de puestos, adquirir vidrios templados para celulares a 80 pesos, relojes a 150, jeans a 100 y remeras que imitan a las de primera marca a 200.

Conviven allí puesteros y artesanos cordobeses con otros de varias provincias, entre cocineros peruanos y los brasileños que ofrecen tragos al paso. Sin embargo, la mayoría de los comerciantes tienen como país de origen a Senegal.

Haciendo la América

Los senegaleses tienen un perfil distintivo: además del color de su piel, son hombres y jóvenes que llegaron a Argentina en busca de una mejor calidad de vida. Reticentes a hablar, de 10 consultados sólo tres se animaron a hablar y a contar su historia.

La necesidad económica suele ser la clave de su decisión de vivir fuera de su tierra. La mayoría está indocumentada y el trabajo callejero e informal parece la opción más a mano para alcanzar la subsistencia diaria.

Así lo explicó Mohamed, de 25 años, por primera vez en Alta Gracia. Hace cuatro años que está en Argentina, y en Buenos Aires vende lo suyo en el barrio de Once. “Cada uno de nosotros vino a mejorar su vida, en Senegal teníamos una situación económica muy difícil”, graficó, tras contar que le gustaría terminar el secundario y estudiar Derecho en Argentina. Mohamed contó que en Buenos Aires el Gobierno los quiere “desalojar de la calle” y que él ayuda económicamente a su hermano, que se quedó en Senegal.

Abdul, por su parte, detalló cómo desarrollan sus jornadas laborales ambulantes. “Varios amigos alquilamos una casa. A las tres de la tarde, uno viene al puesto y se queda hasta el otro día, a las cuatro de la madrugada”, precisó. Aclaró que ningún día dejan pendiente sus cinco horas diarias de rezos y, por las dudas, acotó que el 90 por ciento son musulmanes.

Rivalidades comerciales

Una ordenanza municipal regula esta especie de Saladita de una semana. Pero durante la Fiesta de Colectividades es la comisión organizadora del festival la que se encarga del control y la distribución de los puestos.

Daniel González, presidente de la actual comisión a cargo del evento, detalló que no tienen capacidad de policía para hacer controles. “Nosotros preparamos los espacios para alquilar y los distribuimos”, señaló.

“Que son los senegaleses los que alquilan más rápido es real, pero puede hacerlo cualquiera”, acotó.

González admitió que el canon que se les cobra a los feriantes “es útil y necesario para el sostenimiento del evento”.

Los comerciantes pagan un canon y la comisión les brinda el pequeño espacio, además de seguridad y de iluminación. González destacó que, comparada con la edición del año pasado, la cantidad de feriantes se redujo en un 30 por ciento. Aun así, asombra al que llega por primera vez el tamaño de cinco cuadras de feria callejera.

Otra mirada aporta la presidenta del Centro de Comercio de Alta Gracia. Mariela Auer contó que hubo reuniones con la Federación Comercial de Córdoba (Fedecom) para analizar la situación de estas grandes ferias en los puntos turísticos de la provincia. Auer marcó que existe una ordenanza municipal que regula estos espacios y agregó que la mercadería que se vende debe cumplir con la legislación vigente en cuanto al tipo y la procedencia.

“Cuando un comerciante ve que un jean se vende a 100 pesos, lógicamente no puede concebirlo, considerando los altos costos fijos que tienen para sostener un comercio estable, más aún si se suma el contexto general de baja de ventas, más aumentos de tarifas, impuestos y alquileres”, admitió.

A $ 100 el jean: la oferta del “negro loco”En la feria hay desde ropa hasta juguetes y comidas.“Compre al negro loco”, escribió Moussa en un improvisado cartel que colocó en su puesto.“Ya estuve en este festival el año pasado y me fue bien. Este año también”, celebró el senegalés, uno de los tantos que participan de la feria. Detrás de él, una pila de pantalones era escudriñada por mujeres y hombres atraídos por la oferta de 100 pesos por cada prenda.

  • Corresponsalía para La Voz del Interior
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