Por María Luz Cortez. Rocío está viva, siempre fue la prioridad encontrarla viva que esté con sus padres. Fue gracias al reclamo de los padres, de los amigos, de los familiares, de vecinos de Alta Gracia, del trabajo de la justicia, entre otros. Pero ahora, que muchos saben que está viva, la defenestran en las redes sociales, pareciera que algunos hubieran preferido una mala noticia. Los comentarios que la noticia suscitó fueron de una bajeza y una falta de corazón terribles. Pero qué le queda a un sector de la sociedad que aún habilita «el algo habrá hecho», que es bombardea por mujeres que son fragmentadas en tetas y culos y maltratadas en la televisión en vivo y que sólo miran en silencio (o incluso lo festejan), que escuchan de femicidios y buscan excusas de cómo se vestía esa mujer o qué hacía por las noches. A ese sector le queda PENSAR, le queda reflexionar, le queda cuestionar el sentido común.

La prioridad siempre fue que Rocío apareciera con vida y no importa si a Rocío le gustaba tomar helado de chocolate o salir por la noche con sus amigos. Ella fue víctima de un hombre que se aprovechó de su vulnerabilidad como mujer y como adolescente. Al que ahora la Fiscalía tomó la determinación de detener.

Rocío es parte de esta sociedad y podemos contarla como nuestra. Es hora de sacarnos los prejuicios de encima, de valorar que podemos contar a Rocío entre nosotros, de preocuparnos de cómo otras mujeres o niñas llegan a la policía para pedir ayuda y no son escuchadas, de enseñar a nuestros niños y niñas la igualdad de derechos ante la ley, es hora de comprometerse y participar como lo hicieron otros tantos vecinos y vecinas de la ciudad.

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