Por Adrián Camerano. Una banda formada por dos mexicanos y tres uruguayos, junto a otra que lideró siempre un argentino pero alista una troupe de uruguayos. Nunca mejor nombre podrían haber elegido para esta gira “Rompefronteras” los 4 Pesos de Propina y Francisco el Hombre, dos grupos que se las traen y que tocaron juntos este jueves en Refugio Guernica.

Juntos, hermanados en el escenario Víctor “Vitico” Bereciartúa, los 4 y Francisco animaron un show inolvidable, en el que no hubo banda soporte ni número central. Arrancaron los brasileros pero sobre el final invitaron para varios temas a los uruguayos, y luego subieron los uruguayos que para los primeros temas invitaron a los brasileros, y para otros tramos del concierto también y así fue la noche, como una rueda mágica de comunión musical total.

Al mero efecto de tratar de trazar la línea cronológica del show, se dirá que el grupo formado en Sao Paulo presentó varios temas de su disco “Soltasbruxa” y cautivó al público desde el primer acorde. Con un percusionista erigido como base musical y altísimos puntos fuertes en su guitarristas-frontman y una cantante descomunal, “Francisco el Hombre” cumplió con los muchos seguidores que en plena semana laboral fueron al Refugio, y deslumbró a los pocos que nunca los habían visto en vivo. Dos textos breves pintan de cuerpo entero la filosofía de la banda: el estribillo “Somos humanos, no máquinas” en uno de los temas,  y el “Fora Temer” coreado por el público y sostenido por los músicos en el final de una presentación formidable, en la que el cuerpo pidió bailar.

Los 4 Pesos de Propina sorprendieron con el guitarrista Gastón Puentes como cantante principal, tras la partida del histórico Diego Rosberg, a principios de año. Obligado frontman, el “Metralleta” cumple y derrama carisma a destajo, exactamente a medida que el show –demoledor- avanza. El set fue interesante: clásicos antiguos –“La balacera”, “Sacámela”, “Ea Ea Apepé”, “La vaca”, “Maldita ciudad”- con otros más recientes como “Náufrago”, “No hay tiempo” y la festejadísima “Mi revolución”. Todo cruzado con aires de Bob Marley, algo de Sumo y cierto dejo tanguero de un cantante que hizo olvidar rápido al vocalista histórico.

El cierre, con “Patchanka” de Mano Negra, fue la síntesis perfecta de la mixtura musical que hermanan a dos bandas que, está dicho, se las traen.

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