Por Waldo Cebrero- Lautaro era el segundo de los siete hijos de Natalia Suarez, de 35 años, trabajadora sexual. El sábado por la noche, Natalia se encontraba trabajando en Alta Gracia, cuando se enteró que su hijo estaba herido. “Me vine huyendo. Yo sabía que él a veces se portaba mal. Estuvo detenido una vez. Pero ahora estaba haciendo un tratamiento, había comenzado a ir a la escuela”, contó su madre. “LA POLICÍA LO ACRIBILLÓ POR LA ESPALDA SÓLO POR UN MISERABLE CELULAR”

Natalia Suárez, madre del chico de 16 años baleado por una policía en un supuesto robo, denunció que la uniformada lo ultimó de cuatro balazos por la espalda. Es el segundo caso similar en tres semanas. Suarez es trabajadora sexual y en febrero estuvo cinco días secuestrada
A sus 16 años, Lautaro Torres se convirtió en el segundo joven que en menos de tres semanas muere baleado por un efectivo policial, en supuestos hechos de robos. En ambos casos habrían sido abatidos por la espalda.
De acuerdo con la versión policial, Lautaro cayó herido de dos balazos en el marco de un intercambio de disparos, tras intentar robarle un celular a una mujer integrante de la Policía, que el sábado a la noche pasaba un caniche, en barrio Las Palmas. Pero aquel relato no coincide con lo que denuncian los familiares: “En el hospital de Urgencias nos dijeron que Lautaro tiene 4 tiros y que le entraron por la espalda. Lo acribillaron… por un celular”, dijo ayer Natalia Suarez, madre del chico.
Una de los proyectiles habría atravesado su cuello, otros dos perforaron sus pulmones, y el último dio en su hombro. De ser así, el caso no se enmarcaría en un homicidio en “legítima defensa”, como pretendió difundir la fuerza policial con su comunicado, sino otra muerte por “gatillo fácil”, cuyas calificaciones legales van desde homicidio en situación de exceso en la legítima defensa, a un homicidio agravado por el uso de arma de fuego. Por este último caso se encuentra imputado el policía Pablo Daniel Albares, que el 24 de marzo perforó de cuatro balazos a Ezequiel Barraza, en una situación similar en barrio 1° de Mayo. En ambos casos, los funcionarios públicos, instruidos en el uso de armas de fuego, repelieron de la forma más brutal, supuestos intentos de robo.

El testigo
La versión que ofreció la madre es coincidente con la que Gastón, un testigo del hecho, contó a este diario. A las 20,30 del sábado, Gastón salía de la peluquería, cuando escuchó dos detonaciones, e inmediatamente otras dos. “Miré para la calle Caseros y lo veo a Lautaro corriendo, hizo como 20 metros más corriendo y se desplomó. Me acerqué, y estaba blanco… me dijo: ‘Andá a avisarle a mi mamá que me cagaron a tiros’”.
Gastón escuchó cuatro tiros. Afirma que el chico estaba desarmado. Pero la Policía secuestró del lugar un revolver calibre 22 y un teléfono celular, y comunicó que la mujer abrió fuego como respuesta a los tiros que antes efectuó el joven. Incluso el parte policial detalla que la agente dio la voz de advertencia.
Como sea, las “advertencias” de la mujer entraron al cuero de Torres, que quedó tendido en el asfalto hasta que llegó su padre, José Antonio Torres. “Cuando llegué estaba rodeado de policías que lo tenían esposado en el piso. Tuve que hacer quilombo para que le sacaran las esposas. Me dijo que tenía calor, que le sacara la campera, y ahí vi las heridas atrás”, contó el hombre en su casa de barrio Las Palmas. “La mujer policía todavía estaba ahí. Yo le pregunté por qué le tiró y ella se fue. Después escuché que le decía a otros compañeros suyos: ‘traigan la pistola, traigan la pistola’”, dijo. “A mi hijo le plantaron el fierro. El tenía problemas de conducta, no te voy a mentir, había estado detenido, pero si se portaba mal, era para traer comida a su casa. Era un niño”, agregó.
La ambulancia nunca llegó al lugar. Como pudo, el padre cargó su hijo a la cajuela de una camioneta policial, y lo llevó al Urgencias. “En el camino se puso blanco. Blanqueó los ojos y le empecé a hacer respiración…”. Lautaro fue operado dos veces, y a las 4 del domingo dejó de respirar.
La madre fue secuestrada

Lautaro era el segundo de los siete hijos de Natalia Suarez, de 35 años, trabajadora sexual. El sábado por la noche, Natalia se encontraba trabajando en Alta Gracia, cuando se enteró que su hijo estaba herido. “Me vine huyendo. Yo sabía que él a veces se portaba mal. Estuvo detenido una vez. Pero ahora estaba haciendo un tratamiento, había comenzado a ir a la escuela”, contó su madre. “Los policías de la Comisaría Segunda me vivían amenazando. Me decían que un día me lo iban a traer en un cajón. Y mirá lo que pasó. No lo dejan en paz, no lo dejaban cambiar”, agregó.
El 25 de enero pasado, Natalia fue secuestrada en Alta Gracia, mientras trabajaba. Según denunció La Asociación de Mujeres Meretrices de la Argentina (Ammar), la Policía no quiso recibir la denuncia. Durante seis días, Natalia estuvo atada y maltratad por su captor, un camionero que supuestamente la llevó hasta Río Cuarto. La Policía receptó la denuncia recién el 30 de enero. Dos días después, Suarez fue encontrada por sus compañeras, en Alta Gracia.

Fuente. Infonews- Córdoba

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3 Comentarios

  1. Si no hubiera robado el celular, no le habría pasado. No era un santo el pendejo, era un delincuente con antecedentes. Bien por la policía!.

  2. Si hubiera hecho caso a la voz de alto, se lo hubiera aprehendido, pero no, huyó y fue abatido. Y los santos sí existen, pero no andan robando celulares.

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