La Tinta- A 43 años de la última dictadura cívico-militar en Argentina, el predio del batallón 141 en José de la Quintana fue recuperado por la organización Trabajadores Unidos por la Tierra para la agroecología comunitaria. Allí, funcionó un centro de clandestino de detención, torturas y muertes desde principios de 1976.

Desde Enredando Las Mañanas, conversamos con Sergio Job, integrante de “Trabajadores Unidos por la Tierra”, organización que está protagonizando la recuperación un ex Centro Clandestino de Detención (CCD) que funcionó durante la última dictadura cívico-militar en Argentina. Allí, en las tierras donde funcionaba el Grupo de Artillería 141, en José de la Quintana, en el valle de Paravachasca, están realizando un proyecto de agroecología comunitaria.

Sergio explica que recuperar las tierras del Grupo de Artillería 141 “forma parte de un proceso anterior, que es cuando empezamos a organizarnos para producir nuestros propios alimentos, de manera sana y desde una soberanía alimentaria entre quienes integramos la organización y fuimos viendo que necesitábamos más tierras, para sumar más familias. Sabíamos que había tierras en donde funcionaba el Grupo de Artillería 141. Ese espacio había quedado en desuso, entonces empezamos la organización y la lucha por recuperar esas tierras para ponerlas a producir, para poder aportar a una vida digna”.

– Sergio, ¿podrás contarnos un poco de la historia de este lugar, del espacio que están recuperando?


– El predio del Regimiento, en total, tiene 900 hectáreas. De esas hectáreas, nosotros empezamos una lucha por las tierras cultivables, que son unas 60 o 70 hectáreas, y las logramos recuperar a mediados del año pasado. Ya tuvimos nuestra primera siembra y cosecha de verano.


Una vez que estábamos trabajando, nos vimos en la necesidad de contar con uno de los edificios del viejo Regimiento y empezamos a luchar por alguno de esos inmuebles para poder resguardar herramientas y desplegar el proceso de organización más general. En ese camino, en el último tiempo, logramos ingresar a alguno de los edificios.

– ¿Cuántas familias están participando de este proceso? ¿Cuáles son las producciones que desarrollan en esas 60 hectáreas?

– En el conjunto, la organización hoy implica a más de 150 familias, que tenemos distintos espacios de producción, estamos distribuidos en pueblos de la zona y estamos produciendo distintas cosas: chacra, huerta, pollos, gallinas ponedoras, chanchos. Pero, en el predio en sí, en el Refugio Libertad, que es como llamamos a este espacio, participan alrededor de 40 familias, que están haciendo un bosque de frutales y una chacra de maíz, poroto, zapallo. Hay una parte de huerto y una parte de aromáticas, y también se está construyendo un invernadero. Ahora, estamos justo en la limpieza para el armado de un nuevo gallinero y, en esta semana, también empezamos la construcción de un lugar para los chanchos, para que vaya creciendo la producción y eso vaya generando trabajo, por un lado, y soberanía alimentaria, por el otro.

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– ¿Cómo les fue con las cosechas de este año, que fue bien lluvioso?

– La verdad que, por ser el primer año que trabajamos acá, nos fue bastante bien, siempre pensando que nosotros no buscamos de fondo generar ganancias, ni cuentas bancarias, ni especular con los commodities financieros, sino que buscamos alimentos para autoabastecer a las familias que hacemos parte del proceso de organización. Y, a medida que vayamos ampliando la producción y aumentando la escala, se pueda ir intercambiando, participando de manera más activa en la Economía Popular.

– Por último, ¿cuál es la historia de este espacio cuando funcionó uno de los ex CCD durante la última dictadura militar?

– Nosotros nos enteramos que fue un CCD en el marco de dos instancias, cuando supimos que una parte estaba intervenida por la Justicia Federal, ya que habían tenido lugar enterramientos en fosas comunes y esa es una parte de la situación que está hoy en la Justicia Federal y donde están trabajando forenses. Y, en el marco de la investigación de un periodista, justamente, sobre cómo funcionó durante la dictadura el Batallón y ahí supimos de testimonios y de una causa judicial sobre personas que estuvieron detenidas acá. El lugar funcionaba, al parecer, como un lugar de distribución de detenidos-desaparecidos. Los tenían acá algunas horas, algunos días y de acá se los llevaban a otros CCD. También hay testimonios de algunos colimbas, que, al parecer, vieron pasar en aquel momento camiones con cuerpos.


Es decir, el lugar tenía una doble función: lugar de enterramientos, por tener muchas hectáreas, y también un lugar de distribución de detenidos-desaparecidos. Además, acá funcionaba el Polvorín, de la parte militar, y fue donde se terminó de detonar parte del armamento de la voladura de Río Tercero. Hoy, queremos darle la función de ser un espacio para la soberanía alimentaria y la construcción popular.


Nosotros decimos que hoy hay que cambiar este lugar de muerte por un lugar de vida, mejorando los lazos de las compañeras y los compañeros, y justamente esto es la función que le podemos dar para que crezca la organización popular, las organizaciones nacionales y la posibilidad de generar nuestro alimento de manera autónoma, independiente, sin depender del sistema de explotación.

*Por Enredando las Mañanas

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