Por Luis Logullo– Héctor Roberto Chavero Aramburu, ya perfilando su coherencia, estudió violín con un sacerdote, el padre Rosáenz. En 1949 abandonó a su suerte en un rancho vinchuquero a sus hijos y esposa y se marchó a París a tocar la guitarra y llamarse Atahualpa Yupanqui.

Visitó Cerro Colorado, en la República feudal de Córdoba, donde por cantarle a un cacique aquel le regaló tierras en agradecimiento. Don Aramburu, rápido para los mandados, eligió las mejores con costa de río donde edificó su casa de tejas portuguesas con mano de obra barata.

Declarado a sí mismo como comunista, en 1967 tampoco dudó en cantar en la España franquista. Escribió 325 canciones, entre las cuales sobresalen “Luna tucumana”, “El arriero”, “Los ejes de mi carreta”, “Cachilo dormido” y «Yo tengo un elefante que se llama trompita».

Calzaba zapatos número 42 y camisas talle 44. Murió el 23 de mayo de 1992. Su casa museo es administrada por su sobrino cocainómano, que troca enseres históricos a cambio de estupefacientes.

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