Por Luis Logullo–  Dentro de la comisaría, esa noche el tipo estaba agachado en lo oscuro detrás de las rejas, apoyó la manito en su oreja, giró la llave y cuando oyó el último crac ya tenía las dos patitas afuera. Pispeó para los costados y nada, adelante nadie y atrás todo libre e iluminado con una bombilla de setenta y cinco cagada de moscas. Les hizo una seña a los otros once y así, en fila muda y agazapada pasaron por detrás del simio de guardia que buscaba travas en Facebook.

Ganaron la calle y ni miraron las estrellas para no perder tiempo, enfilaron derecho para la estación de Luján; tomarían el último servicio hasta Mercedes y después verían la forma de hacerse de una chata, o de un auto si el grupo de dividía.

Más allá de esa frontera está la gringada sojera de Chivilcoy para un raje fácil, pero sólo un detalle haría naufragar todo. El holograma de un hombre famoso iba a interponerse en el escape, un tal Randazzo. Los muchachos llevaban un tiempo a la sombra y no sabían que el afuera se había modificado; ahora los trenes funcionan hasta solamente hasta las nueve de la noche, y con suerte. En la estación se amucharon a pitar en ranchada y cuando escampara verían qué hacer. Se oían sirenas en derredor.

Recuerdo que cuando vivía en la periferia bonaerense los trenes eran un amasijo de mugre indigna, pero uno podía empedarse en General Rodríguez a medianoche, luego tomar el tren hasta Moreno y una horita después bajarse más fresco en Once. Pero ya no. Los trenes de Randazzo son unas serpientes que se deslizan sin ruido, son como ascensores horizontales, pero si usted sale del trabajo pasadas las nueve de la noche, dispóngase a rezar. Muchas líneas de colectivos del conurbano interrumpen sus servicios antes de medianoche, y ahí no hay SUBE que valga. Los remises tampoco lo llevarán si usted no es cliente conocido.

Y si usted, haciendo caso a esa yerra bien peronista sale un domingo con la patrona y los pibes, para el regreso sepa que su familia quedará a la buena del señor. Todo esto tiene un lado coherente, Randazzo fundamentó esta medida debido al arreglo de vías destrozadas por el menemismo, pero olvidó decir hasta cuando. Nadie sabe nada y de noche las gentes corren de acá para allá con sus críos a cuestas rogando por un transporte.  El capital pone la tecnología al servicio de la producción y no del ocio, eso también es coherente.

Eva estaría furiosa con este detalle que es todo un símbolo y habla por sí solo.

El bastión macrista está bellísimo, estético, súper europeizado pero con una salvedad más que significativa: Ya es, y para siempre, latina en sus habitantes. He visto por las calles más rasgos andinos que europeos, más bolivianos y peruanos que gringos. Eso debe poner furiosos a muchas y a muchos. Están por todas partes; colectiveros de Lima, taxistas con acentos de cadencia tropical, boliches de comida étnica y africanos que debieran ser modelos de revista, vendiendo chucherías.

Una mujer con estos rasgos y acento se puso a conversar conmigo dentro del mismísimo despacho de la presidenta Cristina Fernández, estábamos solos los tres, ella mi novio y yo parados en medio de sillones con dorado a la hoja cuando estúpidamente le pregunté “Y vos, a ella, ¿La ves por acá?”, y me contestó un “Sí, claro, además viajo con ella en el avión presidencial”.

En otras salas contiguas, más bolivianos y peruanos posaban orgullosos frente a una bandera argentina y se tomaban fotos entre “Kévin, ven párate aquí” o “Dilman, ven y tómame una junto a la foto de Evita”. Unas rubias de Recoleta de soslayo murmuraban indignadas tanto desacato pleyebo que pisaba el parquet de roble de Eslavonia.

Yo estaba fascinado porque HOY les queda eso, tan sólo murmurar y tragar esa rabia heredada. Un guía era una mariquita desatada, jovencito, flaquito y morochito que años atrás hubiera sido detenido por la policía por osar pisar la vereda que circunda el obelisco, y HOY el flaco me explicaba la historia de mi país y yo a cada instante me maravillaba más y más. Otro salón presidencial era custodiado por un morocho trajeado y con tremendo aro en su oreja izquierda. Y ya no pude prestar más atención a datos y fechas históricas porque estaba embelesado viendo lo macro desde afuera.

Cada gesto habla en símbolos de integración a lo peronista de verdad. Hay poca fisura entre el discurso emitido y la práctica concreta, más allá de los trenes y de Monsanto, claro está.

Y me alojé en un Partido de La Matanza tapizado con rejas, sucio como toda ciudad atestada de gente de cualquier parte del planeta, con una Universidad gigantesca y negocios y más negocios porque la gente come y come. También volví a comprender cómo han desguazado a este país y las décadas que llevará reconstruir tamaña saña contra la gente, y escribo esto en tanto veo por televisión que han absuelto de culpa y cargo a María Julia Alsogaray, que también fue un símbolo de aquel tiempo, como Cavallo.

Y vi muchos jóvenes trabajando en lugares de Poder, de toma de decisiones y no cambiando una pasta frola con créditos del trueque. Y donde estuve debe haber infiernos y miserias como en todas partes dentro del capital, porque el capital debe embarazarse de artificios para alumbrar parias. Este mundo funciona de ese modo, por ahora.

Y pobrecitos los presos, vaya uno a saber por dónde andarán

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