Por Claudia Moreno– El Concejo Deliberante es el órgano por excelencia en donde deben darse los debates políticos más profundos a fin de buscar o intentar abordar las distintas miradas sobre ciertos temas. Sin embargo, el límite entre  lo que se debe decir y cómo decirlo, está cada vez más difuso.

La discusión se dió en torno al proyecto para declarar de interés municipal la «Creación del Gimnasio Terapéutico y Medicina del Deporte, como Centro de Rehabilitación Cardiovascular y Enfermedades Metabólicas en el Hospital Arturo Illia de Alta Gracia».

La iniciativa fue presentada por el bloque oficialista y aprobado por unanimidad. La miembro informante, Daniela Ferrari, explicó los fundamentos del proyecto para declarar de interés el Gimnasio y destacó la participación del gobierno en torno a políticas de salud.

Fue allí donde el edil radical, Roberto Brunengo quiso exponer y adelantar el voto del bloque pero intentó abordar algunos conceptos – críticos- sobre lo que entiende como «políticas públicas sanitarias». Pero fue en ese momento cuando desde el oficialismo y la presidencia del cuerpo interrumpieron su alocución para recordarle al concejal que sólo debe remitirse al tema que se trata, es decir sobre el Gimnasio. Tanto el viceintendente Juan Saieg como el radical Brunengo intercambiaron fuertemente opiniones sobre lo que se debía decir y lo que no.

¿Y el debate dónde está?

Esa escena me recordó una nota que escribí en el año 2014 en la que titulaba «¿Y el debate donde está? en relación a la falta del mismo en el cuerpo legislativo. Han pasado 3 años y se vuelve a reflotar lo mismo.

«El Concejo Deliberante, la Legislatura, el Congreso son los ámbitos  en donde, quienes lo integran, son los representantes de los partidos políticos de la localidad que los votó para ocupar ese cargo y, por ende, también deben responder a las demandas sociales.

No sólo en este espacio se elaboran distintos proyectos a fin de lograr mejorar aspectos de la vida cotidiana de los vecinos sino también debe existir el debate político de las ideas. Pero en las últimas semanas, las sesiones del Concejo de la ciudad de Alta Gracia se han tornado en un “trámite” burocrático de ingresos de proyectos a las diferentes comisiones», cronicaba en abril de aquel año.

Muchas veces los vecinos son críticos al accionar de los ediles y creo que eso sucede por falta de información y formación sobre los roles de los distintos poderes del Estado. Otras veces porque intuyen que un concejal puede cambiar una política de Estado o del rumbo de la gestión, del  mismo modo que en el imaginario colectivo, se intenta reemplazar a la justicia por el «veredicto» mediático.

El Ejecutivo, como su nombre lo indica, ejecuta cierto programa de gobierno. El legislativo acompaña, cuestiona, controla, propone distintas alternativas para mejorar aquellos programas de gobierno. Y aquí es donde la mirada partidaria es la que prevalece, ya que allí están sentados referentes partidarios.

Ahora bien, cuando se coloca al legislativo sólo para aprobar proyectos acordes a los programas del gobierno del partido de turno,  se transforma en una mera oficina administrativa. Cuando los concejales se disponen a debatir ideas y posturas ideológicas es un síntoma saludable para el sistema democrático y no deberían ponerse trabas a las palabras.

Esta gestión legislativa demostró en varios proyectos presentados que se pueden abordar poblemáticas en conjunto. Uno de estos ejemplos es la ordenanza para regular la actividad y el paseo de los artesanos, entre otros, pero cuando todos estamos de acuerdo, es fácil. Lo difícil es aceptar las voces de todos aunque muchas veces no se acuerde.

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Concejo Deliberante: Debate en imágenes

 

 

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