Por Virginia Digón, La Voz del Interior. Sólo son obligatorios para mayores de 4 años, excepto cuando se realiza actividad física. De 0 a 3 años, no se recomienda. Advierten sobre la importancia de la supervisión de la persona adulta para evitar riesgos. “Sin duda, la cuarentena que impone la pandemia condiciona la vida de todos, pero hay aspectos particulares que deben tenerse en cuenta para la población infantil. Las medidas de higiene, el distanciamiento social y la utilización de equipos de protección tienen características especiales en este grupo, que deben conocerse para su correcta práctica”, indicó el médico pediatra Mario Polacov, del Comité de Pediatría Ambulatoria de la Sociedad Argentina de Pediatría (SAP) filial Córdoba a La Voz del Interior.

Durante los fines de semana, los vemos ocupar las calles con su irrefrenable energía, alegría y ese impulso que los lleva a dar saltitos en su caminar. Llevan patines, bicicletas, monopatines o simplemente caminan al lado de sus padres. Son niños y niñas. En esos paseos recreativos que permite la flexibilización de la cuarentena, los mayores de 4 años también deben usar barbijos para protegerse del coronavirus.

“Sin duda, la cuarentena que impone la pandemia condiciona la vida de todos, pero hay aspectos particulares que deben tenerse en cuenta para la población infantil. Las medidas de higiene, el distanciamiento social y la utilización de equipos de protección tienen características especiales en este grupo, que deben conocerse para su correcta práctica”, indicó el médico pediatra Mario Polacov, del Comité de Pediatría Ambulatoria de la Sociedad Argentina de Pediatría (SAP) filial Córdoba.

Recomendaciones

Una de las principales recomendaciones del Polacov es que el barbijo debe ser de uso personal, por lo que cada niño deberá tener el suyo y no compartirlo. Asimismo, advierte que tiene que estar confeccionado con un material que no genere irritación en la piel, con la porosidad adecuada para permitir la respiración y el lavado después de su uso.

Polacov hizo hincapié en la importancia de que las medidas del barbijo se adapten al niño o a la niña: “Debe adaptarse al rostro sin dejar espacio entre el barbijo y la cara; si está muy ceñido, puede afectar la respiración; pero si está holgado, disminuye notoriamente el nivel de protección”. Por ello sugieren tres tamaños: pequeño (para niños de 3 a 5 años) con medidas de 5,5 por 13 centímetros; mediano (para edad de 6 a 9 años), de 6,5 por 15 centímetros; y grande (entre 10 y 12 años), cuyas dimensiones son 8,5 por 17 centímetros. Para los mayores de 12 años, se utilizan los tamaños adultos (15 por 20 centímetros)”.

Además, se recomienda que su fijación sea con bandas elásticas que se tensan detrás de las orejas y no con tirillas anudadas en la zona occipital porque pueden producirse lesiones.

“Es importante que la colocación y el retiro del barbijo sean realizados o supervisados por un adulto que enseñen la técnica correcta: lavado previo y posterior de manos, no tocar la superficie de la tela y descartar en lugar apropiado”, indicó Polacov. A su vez, recordó que no hay que tocar frecuentemente la superficie del barbijo para acomodarlo, a fin de evitar la contaminación de sus manos.

¿Cuáles son las excepciones?

El uso de barbijo en niños se recomienda para lugares públicos o en lugares cerrados donde no haya posibilidad de un distanciamiento superior a dos metros respecto de otras personas.

No se aconseja su uso si están haciendo actividad física que aumente su frecuencia cardíaca, como andar en bici o en patines, por ejemplo. “En esos casos, lo mejor es la distancia social recomendada, y, si se cruzan con alguna persona, que se suban el barbijo para evitar una probable contaminación”, explicó el especialista.

Una imagen que preocupa a muchos pediatras es cuando ven a bebés o menores de 3 años con la mascarilla, algo que es riesgoso debido a que por el estrecho diámetro de su vía aérea podrían ver comprometida su oxigenación (sumada al hecho de la reinhalación de dióxido de carbono).

Para ellos, se recomienda sólo que cubran el cochecito, huevito o portabebé con un plástico o con una tela como la friselina y ventilando cada tanto en un lugar alejado de la gente. Además, aun entre los niños mayores de 4 años, no deben usar barbijo quienes presenten dificultad respiratoria, trastorno de la conciencia o alguna discapacidad motriz o neurocognitiva.

Un riesgo del uso de barbijo en niños es que puedan sufrir una asfixia, mareos o pérdida de conciencia. Por ello, el especialista recomienda que el o los adultos que los acompañen estén observando atentamente su comportamiento y evalúen si hay necesidad del retiro del barbijo cuando haya síntomas como respiración rápida y superficial, esfuerzo respiratorio, palidez o acrocianosis (coloración azulada en manos), cefaleas y decaimiento.

Los adultos deben evitar también las lesiones en las orejas por las bandas elásticas.

Impacto psicológico

Para algunos niños ver a las personas que los rodean con mascarillas puede tener un impacto psicológico, es decir, causar miedo, ansiedad o conductas de evitación.

Por ello es conveniente dar explicaciones claras sobre la necesidad de su uso enfatizando que será una medida transitoria para preservar la salud propia y la de los demás. Apelar a barbijos temáticos (con superhéroes o multicolores) es un modo de promover su utilización en los más pequeños.

Según la Organización Mundial de la Salud, más del 5% de la población mundial padece pérdida de audición discapacitante (432 millones de adultos y 34 millones de niños). En el contexto de pandemia, en la cual se establece de forma obligatoria en casi todos los países el uso del barbijo no quirúrgico, o cubreboca, las personas con pérdida de audición sufren, de esta manera, una nueva barrera para poder comunicarse.

“Este singular escenario ha generado que estas personas tengan impedimentos en su rutina diaria, como ir a una despensa, ver un informativo en televisión o durante la atención que le brinda una médica o un enfermero”, indicó Eduardo Orge, arquitecto y magíster en Políticas y Gestión de Desarrollo Local y con formación en accesibilidad.

“La necesidad del uso de mascarillas para resguardo de la salud pública se contrapone con las necesidades de aquellas personas que, por su discapacidad auditiva, hipoacusia o sordera, emplean de manera cotidiana como herramienta de comunicación (además del lenguaje de señas) la lectura labial, que ahora y en estas circunstancias se ve totalmente impedida”, agregó. Además, hizo hincapié en la atención de la salud, durante la cual el profesional no puede quitarse la mascarilla.

Para contrarrestarlo, recomienda el uso de “barbijos inclusivos”, que son transparentes en la zona de la boca para que se puedan leer los labios. También diferentes organizaciones que trabajan en el tema recomiendan el subtitulado en los servicios de comunicación.

“Resulta de especial relevancia el acompañamiento por parte de los estamentos de gobierno a través de la norma que dé garantía y cumplimiento a los derechos de estas personas y permita superar esta nueva barrera”, concluyó.



Compartir esta noticia

Comentarios

comentarios

Dejar respuesta

Please enter your comment!
Please enter your name here