Por Adrián Camerano. El tercer y último día del Cosquín Rock 2017 tuvo de todo: un diluvio, promediando la tarde; la asistencia perfecta de Las Pelotas en el escenario principal; y La Beriso cerrando el festival con su rock simple y convocante. Además, el stand up de Hernán Casciari y toda su familia, el debut de los altagracienses Surikata Ki, la reaparición de Los Guarros tras 20 años y un halo de despedida hasta el año próximo, cuando el monstruo vuelva a despertarse.

Pero si hubo un espacio significativo en esta tercera jornada fue el escenario temático dedicado al rock nacional y los 50 años que van desde 1967 hasta el presente. Desde bien temprano, por allí pasaron glorias de nuestra música popular, como Javier Martínez, el creador del blues en español; Ale Medina, su ex compañero en Manal; Fabiana Cantilo; Pedro Aznar; David Lebón  y Celeste Carballo, entre otros. Una verdadera selección.

Lo del ex líder de Manal fue superlativo. Arrancó bien temprano, a las 16.40, cuando el diluvio recién había calmado y eran pocos los valientes que habían ingresado al predio. En su debut en el Cosquín Rock, a días de cumplir 71 años, el baterista que canta arrolló con clásicos de su propia cosecha: “Una casa con diez pinos”, “No pibe” y “Jugo de tomate”, entre otros. A esa altura Febo se había mostrado tímidamente, y Martínez sentenció: “Con lluvia o con sol, siempre gana el rocanrol”. Antes, esta leyenda del rock nuestro se había quejado por la “invasión” de sonido que provenía del escenario principal, a unos 1000 metros. “Esto parece un boliche, tenemos que competir con aquella música. Tendríamos que esperar a que cambie el viento” dijo, y siguió tocando.

Por ese escenario temático pasó también Celeste Carballo, quien hizo bailar al público con su recordado “Me vuelvo cada día más loca”, hit que quizás no pudo superar pero que sin dudas figura en la historia del rock local. Y también Fabiana Cantilo, impecable como siempre arriba del escenario pero con la voz muy forzada en algunos temas, como “Cleopatra”, de Los Twist. La chica del rock tocó antiguas gemas de su repertorio, como “Llego tarde”, “Una tregua” y “Ya fue”, y abundó en clásicos del cancionero nacional, que incluso ha grabado en dos volúmenes. Así pasó por el escenario “Eiti Leda” (Serú Girán); “Fue amor” (Fito Páez); “Dulce condena” (Andrés Calamaro); “Pupilas lejanas” (Los Pericos, que en la carpa la rompieron de nuevo); “La bestia pop” (Los Redondos) y “Dos días en la vida” (Fito Páez), éstos dos últimos a coro con Claudia Puyó. Una actuación breve y contundente, deslucida sí por algunos problemas de sonido.

En este punto cabe destacar la enorme tarea técnica realizada en cada uno de los siete escenarios, para garantizar que en esas zonas las músicas no se mezclaran y pudiera disfrutarse del show que se estaba viendo. El panorama cambiaba cuando el espectador se alejaba unos metros y ni hablar del centro del predio, donde confluían los sonidos de al menos 3 actuaciones distintas. Para la próxima edición, cabe replantearse si es necesario que los escenarios sean 7, máxime cuando algunos estuvieron muy logrados como concepto, como “La casita del blues”, y otros no. Y cabe revisar si es necesario que haya 200 bandas, o stands de  temáticas alejadas del rock, junto a otros imperdibles como la muestra fotográfica del artista Bob Gruen.

Otras gemas para destacar en la tarde-noche de cierre fueron la actuación de Palo Pandolfo en el escenario principal, con temas de todas sus épocas. Y el regreso de Los Guarros, la banda de hard rock liderada por Javier Calamaro y Daniel “El Gitano” Herrera, que se había separado a fines de los 90. “Los años nos han mejorado” sentenció el cantante y arremetió con versiones actuales de clásicos como “Rosas en tu pecho”, “WPM”, “Vamos a rezar”, “Alabada sea la sangre latina” y “Té de cactus”, bien cordobés. También fueron festejadas las versiones de “El diablo está caliente” y “Bajo tu piel”. Para el cierre eligieron su tema más famoso, “Vamos a la ruta”.

Pasó entonces una tercera edición del CR con quizás algo menos del público esperado, el federalismo a pleno (impresionante la “colección” de camisetas de fútbol de todo el país) y, lo más importante, la mística intacta.

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