Por Cba24N- Figuraba como posible testigo en causas de lesa humanidad por participar del Operativo Independencia en Tucumán, en 1975. El historiador Lucas Bilbao y el sociólogo Ariel Lede presentaron este año un estudio sistemático sobre el vicariato castrense y su relación con el terrorismo de Estado de la década del 70 en la Argentina.
A partir de los diarios del obispo Victorio Bonamín (escritos entre 1975 y 1976), los académicos confeccionaron un informe entregado a la Procuraduría de Crímenes contra la Humanidad donde afirman que “al menos 102 sacerdotes ejercieron su trabajo pastoral en unidades militares donde funcionaron centros clandestinos” y advierten sobre la “participación necesaria” en delitos de lesa humanidad de quienes a sueldo del Estado sedaban las conciencias de los torturadores y los ayudaban a obtener información de los secuestrados.
A una década de la reapertura de causas por delitos de lesa humanidad ya hay casi 600 condenados, sin embargo el único religioso condenado es Christian Von Wernich, excapellán de la policía de Ramón Camps, sentenciado a prisión perpetua en el penal de Marcos Paz.
Luis Jesús Cortés era hasta el sábado pasado uno de los capellanes de la Iglesia Católica que podrían ser citados por la Justicia por vinculaciones con la dictadura cívico-militar. El cura de Alta Gracia -quien fuera hallado sin vida en su casa este fin de semana- se desempeñó en esa época como capellán del Tercer Cuerpo del Ejército, a cargo de Luciano Benjamín Menéndez.

Más de 40 capellanes castrenses ofrecieron entre 1975 y 1976 dos poderosas armas: el convencimiento a los militares de que la lucha era justa si quería salvarse la civilización cristiana y occidental; y la “asistencia espiritual” montada en centros de detención clandestina para calmar los «problemas de conciencia» de los soldados y colaborar con la obtención de información.

Según el propio obispo Bonamín, la “función de los capellanes” consistía en “dar criterios sobrenaturales al accionar de los militares” para garantizar “asistencia espiritual” a quienes por esos días secuestraban, torturaban, ejecutaban clandestinamente y desaparecían a miles de personas.

Los investigadores -que presentarán un libro el año próximo- señalan que los comandantes de cada fuerza, como Luciano Benjamín Menéndez en Córdoba, eran asistidos por dos capellanes cada uno, quienes accedían a información valiosa sobre víctimas, victimarios y apropiación de niños.

Luis Jesús Cortés fue uno de los religiosos que participó del Operativo Independencia, el plan militar contra la guerrilla rural en Tucumán, iniciado en febrero de 1975. Fue la primera intervención masiva de las FFAA en el exterminio de opositores políticos. Constituyó un “ensayo” de la práctica genocida que meses después se extendería al territorio nacional: inauguró los primeros centros clandestinos de detención, aplicó la tortura en los interrogatorios y la desaparición forzada de personas.

La jerarquía del Vicariato comprometió en la incursión al menos a 43 sacerdotes, entre los que se encontraban Cortés, de la arquidiócesis de Córdoba, quien participó de manera indirecta, actuando en una unidad que enviaba refuerzos desde la provincia.
Fuente: Cba24n, Infojus, Diario Página 12

Más información:
Infojusticia 

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3 Comentarios

  1. Qué relación tiene con su muerte?
    Qué tiene que ver?
    No está la justicia para eso?
    Seguimos naturalizando conductas delictivas….
    Existen mecanismos de denuncia y debemos velar para que siga su rumbo justo. NO da derecho de que alguien decida por la vida de nadie….. Seguimos dando explicaciones que son tan fachas como las conductas que estamos juzgando.

  2. es increíble como hay gente que a pesar de que sabe estas cosas sigue defendiendo esta lacra de personas que utilizan la religion y la fe de las personas para provecho personal , ejemplos como este tipo o el padre grassi sobran ….

    • No, lo increíble es, cómo gente como vos, dice giladas a jarro de boca. Este tipo nunca tocó a un niño, nunca mató a nadie, y si escuchaba la confesión de un prisionero o un militar estaba haciendo una obra de bien. Es cómo decir que el doctor que atendía a esa gente era facho. El padre Luis no solo ayudó a gente durante su curía, una vez jubilado, siguió ayudando a drogadictos en recuperación, y cuando un gil otario como yo, por ejemplo, le venía con dudas y cuestionamientos a su fe, el tipo te conversaba y te trataba de igual, nunca intentando imponer su creencia. No hay ni un asomo de cercanía con Grassi, y si bien soy un retractor de la religión, este tipo era un gran hombre,al menos nunca se puso a comentar giladas sin conocimiento en las redes sociales, en vez de eso salía a ayudar a la gente.

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