Por Pablo Rodríguez. La segunda jornada del Noveno Encuentro de Cantautores de Alta Gracia redobló la apuesta de la inaugural y llevó a puntos inimaginados el nivel emocional de esta juntada grande de artistas, vecinos y turistas que, como en un fogón inmenso alimentado de poesía, se entregan a las canciones de autor.

El inicio se demoró unos veinte minutos porque la amenaza de lluvia y sus cuatro o cinco gotitas, obligaron a reubicar el escenario bajo una carpa montada sobre el patio verde del espacio cultural Hora Libre. El nutrido público se ubicó rápidamente en sus lugares y cerca de las 22.30 del viernes 16, el cantor Pablo Dacal encendió las primeras llamitas. A caballo de una poesía misteriosa, moderna, lisérgica y nostálgica, Dacal recorrió con un puñado de canciones, su discografía armada de manifiestos de urbanidad caminante.

En segundo término, Agos Del Río, una altagraciense de 15 años que ha crecido en estos encuentros, mezclándose con cantautores de diversas latitudes y longitudes expresivas, mostró composiciones propias, con aires de Regina Spektor que suscitaron un encendido aplauso colectivo.

A continuación, desde Uruguay, Papina de Palma, joven cantautora que forma parte de una camada de nuevas voces del vecino país que anda dejándose escuchar, caminando los kilómetros en manada, expuso propias composiciones enriquecidas por su bella voz.

Beto Caletti, posteriormente, guitarra en mano y con la sencillez del amigo que toma la guitarra en una ronda, dejó con la boca abierta y las palmas encendidas al público, de la mano de un rosario de canciones donde colores del Uruguay, la Argentina y el Brasil se dispusieron sin dificultad en un playlist cadencioso y gentil.

Para el cierre, cerca de la una de la madrugada, llegó el turno del chileno Nano Stern, uno de los números más esperados y solicitados en este Noveno Encuentro de Cantautores. Nano es miembro de una generación de jóvenes cantautores chilenos que apenas si pisan los treinta años, y que recuperan la voz de Violeta Parra y Víctor Jara con convencida dignidad, sin miedo a mezclar esa raíz comprometida con sonidos y ademanes rockeros.

Nano inauguró su show con un agradecimiento con aires de baguala que puso la piel de gallina y de allí en adelante no bajó nunca el nivel de emotividad de un show que colmó las expectativas de los presentes. “Me puso la piel de gallina” dijo un periodista cordobés que se llegó a Alta Gracia, que conocía e incluso había escuchado a Nano hace un par de años en la Universidad de Córdoba, en su anterior excursión por la Provincia.

En el ocaso de su show, Stern cortó simultáneamente las tres cuerdas más graves y gruesas de su guitarra, fruto de su rasgueo ardiente. Sorprendido ante esta situación y fuera de toda planificación, aprovechó un piano allí presente para interpretar su canción de despedida y posteriormente, cual juglar, se metió entre el público, violín en mano para interpretar “Cantores que reflexionan” de Violeta Parra, quizás la síntesis más acabada de lo que representa para esta nueva generación de músicos chilenos, el legado a continuar.

Después, antes y durante, músicos, vecinos y turistas supieron encontrarse en ocasionales conversaciones. Como suele ocurrir en cada uno de estos encuentros. Salud por eso. Por todo eso.

Fotografías: María Luz Cortez

 

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