Por María Luz Cortez. Mario Noero aún no sale de la desilusión. En sus palabras, deja trascender la añoranza por una tranquilidad que ya no es tal en Anisacate, un pequeño pueblo vecino a Alta Gracia. Es que en los últimos dos meses han proliferado los robos a propiedades, muchas de ellas de fin de semana.

“Yo no quería volver más a mi casa. Fue un momento muy feo. De noche, ya no quiero quedarme solo allá”, plantea.

La escena que vivió Noero hace un mes lo impactó: una de las puertas de entrada quedó destruida por los que, supone, fueron una serie de hachazos para ingresar y desvalijar la vivienda.

No fue el único. Entre intentos y robos concretados, los vecinos de la zona de La Rivera llegan a contabilizar siete casos en dos meses.

El jefe de la Departamental Santa María de la Policía de Córdoba, Luis González, apuntó que se reunieron con los vecinos, enviaron más refuerzos y que planean, entre otras medidas, aplicar alarmas comunitarias.

Para el comisario, la seguridad debe ser integral y “se debe trabajar con el municipio y con los vecinos”.

Anisacate, ubicada 10 kilómetros al sur de Alta Gracia, es una villa extensa a lo largo de la ruta 5 y que cuenta con 31 barrios.

Según el intendente Ramón Zalazar, hace dos años que se trabaja con una patrulla urbana municipal. “Pero no reemplaza a la Policía ni alcanza”, advirtió.

Los vecinos de La Rivera realizaron ayer un “cacerolazo” para pedir seguridad. Comenzó sobre la ruta y continuó hasta la comisaría, ubicada al lado de la municipalidad.

Cerca del río

El barrio La Rivera tiene un paisaje serrano, a la vera del río Anisacate.

Muchas de las viviendas pertenecen a pobladores de varias décadas, que suelen frecuentarlas en vacaciones o los fines de semana.

“Cuando tenía 18 años, conocí a mi mujer aquí. Todos nos conocíamos, podíamos ir al río y compartir con la gente de la cuadra”, recordó Alberto Arzubialde, uno de los vecinos que sufrió un intento de robo.

Su esposa, Silvana, explicó que una de las metodologías aplicadas por los delincuentes es cortar la luz para evitar la alarma.

Arzubialde, junto con Gustavo Cingolani, mostraron las rejas de la vivienda de la familia Morganti, que fueron reparadas tras ser destrozadas.

“Las puertas ya las habían cambiado porque eran de madera y ahora son de otro material, ya que les habían entrado antes”, explicó Cingolani.

En la casa de Noero, los delincuentes cargaron televisores, ropa de cama, colchones.

“Se llevaron incluso una vajilla que era de mi madre y tenía un enorme valor emocional para mí”, añadió.

Cuidarse entre todos

En la actualidad, los vecinos cuentan con un grupo de WhatsApp para informarse de movimientos sospechosos y sobre otros datos que pudieran servir para alertar a la Policía.

La solución que encontraron, por el momento, es pedir a algún poblador permanente que dé una vuelta por las viviendas para prevenir robos.

Por su parte, el comisario González consideró que es importante que se realicen las denuncias, pues aportan datos y ayudan 
a crear un mapeo que permita 
hacer una guardia “más inteligente”.

  • Especial para La Voz. 
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