Por Horacio Santellán (desde Brasil)- Esta semana la presidenta Dilma Rousseff sancionó, sin veto del Plan Nacional de Educación (PNE), que incluye entre las veinte metas y estrategias delineadas para el sector en los próximos diez años, la inversión del diez por ciento del Producto Bruto Interno (PBI) en educación. La teoría dice que esa plata va a salir de las regalías del petróleo. 


Los objetivos del PNE comprenden, además la erradicación del analfabetismo en la población de quince años o más, el preescolar universal, escuela primaria y secundaria, el aumento de la escolaridad promedio de la población entre 18 y 29 años de edad por un mínimo de doce años (nueve de primaria y tres de secundaria) de estudio. Dicen que con este plan van a mejorar también la formación y la remuneración de los docentes, lo cual, en teoría, mejoraría la calidad educativa.

Todo muy lindo, pero vayamos a la realidad. La calidad educativa del Brasil ha sufrido un deterioro, al igual que en nuestro país. Alumnos que pasan de grado por obligación, aunque no hayan asimilado los contenidos básicos, eliminación de sanciones disciplinarias, docentes limitados en su autoridad en el aula, niños y adolescentes a los que no les interesa aprender, padres ausentes, entre otras cosas.

Si hablamos de infraestructura, también hay muchas carencias y, cuando hay obras, es notable el sobreprecio en la obra pública. Todos imaginamos el por qué.

Muy similar a la Asignación Universal por Hijo (AUH), el Estado Brasilero otorga el Plan Hogar, en el cual cada familia percibe un subsidio de  1.000 reales, siempre y cuando los hijos sean alumnos regulares de una escuela pública. Los chicos reciben la leche o el almuerzo. Si sobra comida, cometen, en mi opinión, el peor de los pecados, la tiran.

El panorama en las escuelas y colegios privados no es muy distinto en cuanto a los problemas que tienen los docentes, eso sí, no reciben ningún tipo de subsidio del Estado y la educación terciaria o universitaria es privada con cuotas mensuales que van desde los  900 reales a los 1.600.

Un docente gana entre R$ 900 y R$ 1.200 por mes, según la carga horaria. La familia de un preso (cualquiera haya sido el delito) recibe un subsidio de R$ 1.000. Digan lo que quieran, no hay relación.

La salud es otro de los temas que preocupa a los brasileros. Los hospitales públicos tienen también muchas carencias, en cuanto a lo edilicio, la aparatología y el personal. El sueldo de una enfermera es de aproximadamente R$ 1.700, pero si quiere capacitarse como instrumentadora quirúrgica o especializarse en perfusión, los cursos son a nivel universitario. En la gran Patria Americana tenemos presentes comunes y destinos comunes. Será por eso que también tenemos problemas comunes.

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