Por Adrián Camerano – La sombra de la impunidad, esa que ya vimos demasiadas veces, amenaza con cernirse de manera definitiva sobre los hechos que dos meses atrás tuvieron como protagonista a mi hijo mayor, de apenas 12 años. El niño fue baleado en la –creíamos- apacible localidad de Dique Chico, el sábado 4 de enero, cuando jugaba en el parque de la casa de unos amigos que viven allí de manera permanente. Personas que dos meses más tarde todavía ignoramos quiénes son dispararon en la zona poblada durante más de una hora y media, sin que autoridad alguna tomara medidas, ni antes, ni durante ni –lo más grave- después.

El destino o el azar quisieron que el proyectil ingresara y saliera en la pierna derecha de mi hijo, sin que dejara lesiones gravísimas ni secuelas físicas. Pero no es consuelo: como familia necesitamos saber qué pasó y quiénes fueron, y sobre todo que los dos Estados involucrados tomen nota de la insuficiente o directamente inexistente respuesta por parte de ellos mismos.
A saber: ese día, a mi hijo lo cargamos en mi auto, ya que en la zona no hay ambulancia ni hospital. Tras desesperadas llamadas, al lugar llegó un único policía en su vehículo particular, que tomó unos datos y se fue. Los tiros se seguían escuchando, cuentan quienes quedaron en la casa conteniendo a los hermanitos del baleado. Más tarde la policía dio un par de vueltas por la zona, pero no halló nada.
La bala que lastimó a mi hijo, una 9 mm –reglamentaria de fuerza policial o de seguridad- la hallamos nosotros mismos dos días más tarde, entre el pasto. A dos meses de los hechos, no sabemos si se peritó, si ese eventual estudio dio algún resultado y –menos- si se buscaron en la zona armas compatibles con ese proyectil. Silencio de radio. Me entrevisté con el fiscal Peralta Otonello en los días posteriores al hecho y prometió investigar, pero a dos meses no tengo siquiera el número de expediente. Nunca más llamaron.
Sí fueron prestos dos comisarios en acudir a mi vivienda un día de semana a las 23 horas, inmediatamente después de la difusión de una entrevista televisiva por el canal 10 de los SRT, preocupados por mis expresiones acerca de la insuficiente “investigación”. Lamentablemente el tiempo sin respuestas me da la razón. Preferiría no tenerla.
Párrafo aparte para el jefe comunal Abel Cístaro: jamás llamó a la familia, ni se acercó a la vivienda (sus vecinos) donde ocurrieron los hechos, ni puso la cartelería preventiva que prometió la tarde en la que pude hablar con él, al tercer intento, en la puerta de su propia casa, ya que la comuna estuvo casi un mes cerrada.
Todo esto sería apenas una anécdota, un mal recuerdo, si no fuera porque en Dique Chico, cada tanto, los vecinos aseguran que se siguen escuchando disparos.

Foto: Cba24n

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