Por María Luz Cortez. “Cuando yo me muera no quiero llantos ni penas, prefiero que se me vele bailando una rica plena…”, dice la canción de Rubén Rada. Aunque en esta ocasión no bailaron “plena”, que es un baile tradicional puertorriqueño, sino que bailaron y cantaron folklore argentino en el cementerio de Alta Gracia para despedir a un integrante del grupo de la Escuela de Artes Escénicas de Alta Gracia. “Bailaron un gato y cantamos algunas canciones”, recordó Mario Siandro, director de la escuela.

Guillermo Camacho tenía 72 años y llegó a Argentina detrás de un gran amor que lo llevó a cruzar la cordillera de Los Andes hasta llegar a Alta Gracia, Córdoba.

Durante un tiempo vivió con su pareja y luego la relación terminó. Sin amigos y sin conocidos, los primeros tiempos después de aquel final fueron difíciles, hasta que se topó con un músico altagraciense quien, junto con otros vecinos le “dio una mano” para que se encaminara.

Con el tiempo, accedió a trabajar como inspector de algunas comunas del Valle de Paravachasca. “Por ese trabajo, algunos vecinos no lo querían –recordó Siandro–, pero para nosotros era parte de la familia”.

Comenzó a participar del grupo de adultos de la escuela de Artes Escénicas de Alta Gracia junto con otros 20 bailarines. “Amaba esta tierra, amaba Argentina. Si lo hubieras visto bailar, hubieras pensado que había nacido acá”, destacó el director de la Escuela.

Mantenía aún el contacto con sus tres hijos que vivían en Chile. Terminó sus días internado en una cama en terapia intensiva en Villa María.“Con cantos y bailes del folklore argentino rodeado de amigos despedimos a mi padre, Guillermo Camacho. El sábado 14 de enero en el cementerio de Alta Gracia, provincia de Córdoba, Argentina. En esa tierra que amó y donde fue feliz”, escribió Antil Camacho, uno de sus hijos en su muro de Facebook.

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