Arranca nuevamente la campaña de donación de cabello

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FB Mariana Ludueña.

Redacción Alta Gracia- Las donantes pueden acercarse el segundo y cuarto jueves de cada mes, de 14.30 a 17 horas, a la Escuela de Artes y Oficios Marcelo Rojas, ubicada en Justo Páez Molina e Intendente Álvarez de barrio Sabattini. Mañana, luego de las vacaciones de invierno, la profesora Georgina Ruzafa junto a la peluquera Claudia González, reciben una vez más, cabello para las pelucas oncológicas.

Para anotarse o comunicarse con alguna de las organizadoras, hacerlo a los teléfonos: 3547 572424 (Georgina) y al 3547 452884 (Claudia). El corte es sin costo y el pelo puede estar teñido o alisado pero no decolorado, pero necesita sí o sí un largo de 25 centímetros.

Este grupo de mujeres altagracienses, iniciaron esta «movida» gracias a la inquietud de Maite, una niña de ocho años que nos enseñó a todos las palabras empatía y coraje.

Mariana Ludueña, -su mamá- kinesióloga que trabaja con pacientes oncológicos, debió un día responder a la pregunta de su curiosa-y valiente- hija: «¿cómo hacen los niños con cáncer que no tienen cabello?» y su mamá le respondió que usaban o pañuelos o pelucas con cabello donado. Entonces ella preguntó: «¿y yo puedo donar?». Y es cuando Ludueña comenzó a averiguar dónde podía donar su niña y cuáles eran los requisitos.

Así descubrió la Campaña «Trenzando Voluntades» llevada a cabo por la Fundación Vanesa Durán de Córdoba Capital. Sólo debían esperar un tiempo ya que el mínimo que se recibe es de 25 centímetros. Esperaron llegar al largo, lo cuidaron y fueron a la peluquería de Claudia González. Allí siguieron los pasos: lavarlo, secarlo totalmente, atarlo por la dos puntas con una coleta y cortarlo. Luego lo colocaron en un sobre cerrado con sus datos y lo llevaron a la fundación, donde les dieron un obsequio. Todas las donaciones se envían a Buenos Aires donde se fabrican pelucas oncológicas.

Pero el relato no termina allí: cuando Maite asistió a la escuela con su corte carré, una compañerita; Zoe, le preguntó porqué se había cortado así, renunciando a su hermosa cabellera. Y cuando escuchó la respuesta, quiso colaborar también y fue a la misma profesional. Al darse cuenta de que esto se convertiría en una bola de nieve, González decidió buscar una institución pública-sobre todo para que los donantes no debieran abonar el corte- y habló con Ruzafa quien pidió permiso a Ana Caturelli, de Políticas Educativas de la Municipalidad de Alta Gracia. Desde entonces, reciben voluntarias dos veces al mes.

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