Por María Luz Cortez. Empezaron de a poco. Mate va, charla viene, Dora Ramallo y José Cisterna se conocieron este año en el geriátrico Solaire, de Anisacate, y con paciencia fueron tejiendo una relación de cercanía. Simpatizaron, se confiaron sus cuitas y charlaron cada día hasta que Dora se enfermó, tiempo atrás.

Tras ese episodio, José decidió que nunca quería separarse de ella y le propuso casamiento. La mujer aceptó. Los familiares se sorprendieron primero y apoyaron luego. El civil fue el viernes último, con dos enfermeros como testigos, y tras la ceremonia hubo fiesta en el geriátrico.

Dora tiene 80 años y José, 75.

El acto de enlace fue breve y emocionante. Los novios lucían impecables, y la oficial pública Alejandra González tuvo el tacto suficiente para comandar un casamiento inédito para la zona, y los familiares estaban tan entusiasmados como los consortes.

Dora y José, ambos viudos y jubilados, se conocieron hace poco en el hogar de ancianos. El hombre es mendocino, fue camionero toda su vida y se recuperó de una caída brava y tres ACV. Dora nació en Cosme Norte, un paraje del mismo departamento Santa María. La vida y el destino quisieron que coincidieran en el hogar de Anisacate, donde los enfermeros apadrinaron una relación inesperada. “Yo veía que compartían la mesa, el almuerzo, los mates, el desayuno. Y cuando se enfermó Dora, él estuvo un día entero cuidándola”, contó Julio, uno de los testigos, suerte de Celestino al interior del hogar. “Yo vi todo el proceso”, se jactó, justo antes de calzarse la chaqueta y retomar su trabajo en el hogar, donde asiste a casi 50 ancianos. Patricia, la otra enfermera-testigo, a duras penas contuvo la emoción.

Los familiares abarrotaron las exiguas instalaciones del Registro Civil de Anisacate. “Después del Día del Padre, ambos fueron a casa y nos dijeron que se iban a casar. Nunca nos imaginamos esto. A él se lo ve contento, cambió muchísimo. Si es la felicidad de él, nosotros también estamos felices”, apuntó Karina Cisterna, hija de José.

Los novios, de pocas palabras, permanecieron de la mano durante toda la ceremonia y coronaron el enlace con dos besos breves pero sentidos. “Que Dios nos ayude a ser felices”, pidió Dora, mientras su flamante esposo bregó por esa misma felicidad: “No sólo para nosotros, sino para todos los que hoy nos acompañan acá”.

Luego, a la fiesta en el geriátrico estuvieron todos invitados.

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